Experiencias en la elaboración de una tesis. Notas para un diálogo de sociología e historia*

27jun09
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Por Roberto L. Céspedes R (1) (cespedes@rieder.net.py)

* Originalmente se trató de una exposición sobre la experiencia de redacción de tesis («tesina» en 1981) en la Maestría en Historia, Filosofía (UNA), sede Asunción, en julio de 2009, cátedra de «Preparación de Tesis» a cargo del profesor Dr. Ricardo Pavetti.

Estas notas pretenden registrar y reflexionar a partir de una experiencia de elaboración de «tesina» (2) de Licenciatura en Ciencias Sociales de febrero de 1981 en la Facultad de Filosofía y Ciencias del Hombre (entonces que devino en Ciencias Humanas) de la Universidad Católica (UC) «Nuestra Señora de la Asunción» de Asunción, en la carrera de Ciencias Sociales (Sociología) sobre un tema de sociología histórica. A pesar del tiempo transcurrido, se plantea esta revisión o reflexión en vistas a la tarea de elaborar una Tesis de Maestría en Historia (Paraguay independiente). Asimismo, los apuntes que se anotan, en el mejor de los casos, no se limitan a estas dos disciplinas (sociología e historia) y podrían ser extensivas para otras carreras de Ciencias Sociales o Humanidades. Este conjunto de razones justifican su publicación.

El material analizado, o desde el que se reflexiona, es El Febrerismo: del movimiento al partido (1936-1951), habiendo sido los tutores: José N. Morínigo y Luis A. Galeano. La Mesa estuvo presidida por Adriano Irala Burgos (+). Es una historia de las luchas internas del Febrerismo desde el gobierno de 1936 hasta su fundación en 1951. Fue publicada como libro en julio de 1983, con 170 páginas (3). El Febrerismo puede considerarse un movimiento populista que irrumpe a través del estamento militar en un golpe de Estado el 17 de febrero (mes que origina su denominación) de 1936. Desde la perspectiva del autor, significó un avance de la facción «reformista» de las Fuerzas Armadas que con el tiempo fueron copadas por la facción conservadora y filo-fascista durante la primera mitad de la siguiente década, especialmente con el gobierno del Gral. Higinio Morínigo.

La exposición presenta 15 puntos que se dividen en tres partes. La primera (# 1 al 3) señala los más importantes y que constituyen el centro de toda «enseñanza». La segunda (# 4 al 9) presenta el proceso de construcción del objeto de estudio y circunstancias del autor que inciden en el mismo. La tercera parte (# 10 a 15) ofrece algunas reflexiones más vinculadas a la problemática teórica sobre sociología e historia en comparación a la anterior, más metodológica. Finalmente, se anexa un esquema acerca de los «partidos» analizados.

I. Aspectos centrales:

Los dos primeros puntos constituyen el ineludible punto de partida del trabajo mientras que el tercero indica lo que se haría hoy considerando las enseñanzas de largo plazo; éstas incluyen a los dos primeros que se los ha separado por razones metodológicas.

1. Triángulo del trabajo: Existe un triángulo que define o, más precisamente, favorece o limita la elaboración de la tesis. No es equilátero; existe una jerarquía. Sus tres componentes, por orden de importancia, son: interés propio, recursos y tutor/a.

a) Interés propio: es el primero y el último y está presente en todo momento; es omnipresente. Solamente el interés o motivación en lo que se estudia es el seguro para emprender, persistir y culminar el trabajo a pesar de las adversidades que indefectiblemente aparecerán. Favorecen o desfavorecen los otros dos factores pero el motor o, si se quiere, la locomotora de este proceso es el interés del/a autor/a.

b) Recursos: Son imprescindibles, sin ellos no existe tesis. Pero éstos sólo sirven en la medida que existan el primero y el tercero, en esta prelación. Los recursos son personales e institucionales. Los recursos personales, a su vez, son dos: capacidades y tiempo-dinero. Las capacidades permiten pensar, acumular, escribir, rehacer, corregir, ubicarse en tiempo y lugar, etc. El tiempo-dinero se considera como disponibilidad de tiempo para ejecutar el trabajo y los recursos financieros que implican este tiempo y los materiales que se debe adquirir o utilizar, etc. Usualmente, están contrapuestos: quien dispone de tiempo carece de recursos y quien posee recursos carece de tiempo; entonces, se trata de ajustar las posibilidades de optimizar este «antagonismo».

El segundo tipo son los recursos institucionales. Éstos son bibliotecas (Internet no suple a una biblioteca, indudablemente ayuda pero no la sustituye), material bibliográfico publicado o inédito, contactos con personas, etc. No es lo mismo «inaugurar» un tema que trabajar uno ya analizado. Aquí vale, recordar que es imprescindible comenzar por la revisión del estado del arte de la materia. Mi experiencia docente indica que este punto de partida, en demasiadas ocasiones, se pretende obviar con la cómoda excusa de que nada existe sobre el tema cuando no es así. Aún en el caso de que el tema en cuestión no se encuentre estudiado, es necesario rodearlo con los materiales disponibles que aportarán en delimitar el objeto de estudio.

c) Tutor/a: Para tener un/a tutor/a que cumpla su papel, el tema de tesis debe ser de su interés. Esto es, ha trabajado el tema o más específicamente está dentro de las áreas en las que trabaja o le interesaría hacerlo. De no ser así, caben dos opciones, no excluyentes, que son a) una carga más que se evita en la medida de lo posible o b) un nombramiento más honorífico o para «figurar» como también colaborando ocasionalmente con la tesis. Generalmente, las tutorías no son rentadas o, si lo son, son deficientemente pagadas. En el primer caso, si a esto se suma el desinterés en el tema, se tendrá un/a tutor/a de membrete. La combinación ideal sería que exista algún pago, no tan limitado, y que el tema de tesis sea de interés del/a tutor/a; pero, generalmente, lo óptimo es lo menos frecuente.

2. Proceso de trabajo: Es un diálogo permanente entre la teoría y el material empírico que nunca termina. Realmente sólo existe un énfasis en las distintas etapas del trabajo porque no existe una ruptura entre teoría e investigación. En ninguna etapa es posible dejar de leer teoría o de trabajar solamente con el material empírico. Creer eso es, simplemente, ingenuo. Para un país en el cual la teoría, lamentablemente, es, en muchos casos, menoscabada o despreciada es imprescindible una buena teoría.

Usando libremente la metáfora de Edward H. Carr, de ¿Qué es la historia?, vale recordar su imagen del pescador. La teoría es la que le permite tirar las redes en el lugar en donde recogerá los peces que le interesa o relevar el material empírico pertinente. Sin teoría, lanzaría redes en el lugar equivocado y nunca obtendría lo que quiere. En el mismo sentido, Pierre Bourdieu, en la entrevista inicial del libro El oficio de sociólogo, indica: «el acto científico fundamental es la construcción del objeto … [el peligro es que] nosotros estamos habitados por preconstrucciones». De allí la ineludible precisión teórica que necesariamente romperá con pre-nociones y especialmente «la teoría espontánea». De igual forma, el autor recuerda que la construcción del objeto va de la mano de la construcción de los instrumentos de construcción del mismo. Esto es, por ejemplo, un análisis serial sobre precios de alimentos de por sí implica las estadísticas que lo hacen.

3. Enseñanzas de largo plazo:

a) Escribir lo que se tiene claro antes que ceñirse a un esquema. Una vez que se escribió algo claro (4), esto puede adecuarse probablemente a cualquier esquema; en cambio seguir un esquema de algo que no se tiene claro a nada o a poco conduce. Comenzar por el formato de tesis puede ser útil pero más es comenzar por el tema o desarrollar lo que tenemos claro y motiva.

Este proceso tiene su propia dinámica: la «pasión de saber o descubrir» o la fascinación de ello que es parte y que alimenta a aquella. Tampoco se trata de cualquier cosa ni que se ignore el o los formatos que las instituciones exigen ni que se termine el trabajo y luego se revise el ajuste a los cánones establecidos. Pero, se reitera: lo que atrae y aparece como claro, motiva y entusiasma al/a autor/a tendrá sus frutos que probablemente se ajustarían a los marcos institucionales y no viceversa.

b) Saber escuchar.  Es imprescindible saber escuchar a la palabra hablada o a la palabra escrita en una entrevista o en la lectura de un texto. No en balde, Plutarco en su célebre reflexión sobre «Cómo escuchar», en sus Moralia, ya señalaba que tenemos dos orejas y dos ojos y una sola boca. Saber escuchar es muchas o algunas veces es más importante que saber preguntar. No se menoscaba lo último, es requisito del/a investigador/a descubrir las preguntas adecuadas y hacerlas.

Pero si no se sabe escuchar o leer, poco o nada se aprenderá. Esta actitud posee dos importantes peligros –otra palabra no parece adecuada- se escuchará o retendrá solamente lo que se quiere escuchar o verificar o lo diferente tendrá un valor minúsculo a pesar de las evidencias contrarias. La entrevista o la lectura será un ritual y el/a investigador/a parecerá un/a fanático/a o fundamentalista porque solamente será digno de registrar e incorporar aquello que coincida con lo que piensa o asume;

c) Utilizar los avances disponibles.  Cuando menor es el grado de profesionalismo se corre el mayor peligro de creer que se inaugura la historia y cuando se escribe, que lo escrito es un salto gigantesco en el conocimiento. En el caso de copiar algo se trata de pasar desapercibido para obtener el («pergamino» o) título porque nunca más se investigará-escribirá. Como no se inaugura la historia y no se parte de la ausencia de conocimientos, es imprescindible utilizar lo existente; para lo cual es imprescindible la revisión bibliográfica a la que se ha aludido en Recursos del # 1.

La obligación ética y profesional es señalarlo. En mi caso, utilicé, por ejemplo, la periodización del proceso del Febrerismo de Manuel J. Cibils aunque no me ajusté a ella y la idea de oligarquización de la conducción (Robert Michels) de un artículo de Paul H. Lewis, con semejantes características aunque en un lapso más corto;

d) Publicar lo escrito. Si bien existe, por momentos, alguna explosión demográfica de publicaciones generalmente de mala calidad, debe tenerse como objetivo último, en la medida de lo posible, publicar lo escrito. Siempre es socialmente, en el sentido de para la colectividad, útil disponer de un nuevo material. Obviamente, la rigurosidad y utilidad que se merece no depende exclusivamente del juicio del/a autor/a.

Pero, publicar es un gran estímulo. Hoy –ya cerca de finalizar la década del  2000- existen muchas más opciones de publicación que ayer -a inicios de la década de 1980-, tanto por el contexto político como por opciones impensables en esa época como es la digital que puede tener ínfimo costo. En mi experiencia personal; con gratitud recuerdo a mi padre que publicó mi tesis porque la UC no lo hizo por razones de la época: presiones diversas que, entre otras cuestiones, exigían que debían publicarse por una razón de «equilibrio» ante el poder político autoritario, también una tesis semejante sobre el Partido Colorado y el Partido Liberal, tesis que no existían. 

e) El peligro de la obsesión perfeccionista. Debe recordarse en todo momento: la tesis no es nuestra obra maestra o que no es nuestra última obra; en el mejor de los casos, es nuestra primera obra seria o de joven-adulto. La obsesión perfeccionista puede impedir avances, o simplemente paralizar, porque se quiere que la parte acabada sea perfecta y por esta razón ésta o cualquiera nunca termina de redactarse. Es más, si se termina la tesis, se encontrarán limitaciones y la tesis será infinita por dos razones: a) nunca contendrá todo lo que debe considerar y b) el tratamiento de lo que sea siempre será incompleto.

Aquí vale el dicho de lo perfecto como enemigo de lo bueno. No obstante, se debe ser lo más riguroso posible, se debe ser lo más perfecto posible. Pero, como analogía con la vida misma, es imprescindible, por una parte, reconocer las (nuestras) limitaciones y, por otra, trabajar con (y a pesar de) ellas porque reconocerlas permite progresar y evita perversas parálisis y frustraciones.

II. La construcción del objeto de estudio y las circunstancias del autor:

4. Contexto del autor: Se comienza con este condicionante recordando a J. Ortega y Gasset y su apotegma: «Yo soy yo y mis circunstancias». La tesis escrita en diciembre de 1980 y enero de 1981 era de un militante de la Juventud Revolucionaria Febrerista (JRF) en su momento y luego del Partido Revolucionario Febrerista (PRF), no se oculta esta característica por razones ética y científica. Conocer, indagar, aprender la historia del partido siempre es parte del proceso de socialización partidaria; y lo mismo podría decirse de probablemente toda organización. Llamó mi atención la lucha interna partidaria registrada en los relatos escuchados y en la experiencia propia. Inclusive más, la historia oral señalaba luchas internas pasadas mucho más duras, o feroces, en comparación a lo vivido personalmente en ese momento.

Entonces, la socialización partidaria significó, por una parte, la problematización y base de un objeto de estudio, y, por otra, la historia oral partidaria, una base con sus verdades y sus mitos. Además de lo señalado, en términos personales, tenía tres ventajas:

a) protagonistas e historia oral; parte de los protagonistas de la «Revolución de Febrero de 1936» aún vivían y era posible escuchar sus historias; con lo cual se anota y valoriza la importancia de la historia oral para la historia y especialmente para la historia inmediata o contemporánea, o del tiempo presente o en torno al pasado reciente o la «Current History»; no obstante, parte de los protagonistas estaban en el exilio y con marcadas dificultades en las comunicaciones;

b) curiosidad; sin ésta no hay avance posible. Una curiosidad –casi podría decirse omnívora- me permitió antes y ahora más saber escuchar que saber preguntar; aspecto sobre el que ya anotaron reflexiones. Pero es importante recordar que, al explorar un tema, vale, sobre todo, en sus comienzos escuchar o aprender todo lo posible. Es volverse una esponja de información que luego se depurará bajo criterios teóricos y de necesidad del material empírico (conocimiento y su búsqueda).

c) lectura y recolección documental; esto significaba, además de escuchar, leer todo lo que encontraba y también guardar todo papel que caía en mis manos. Ambos hábitos facilitaron enormemente el acceso a materiales historiográficos sobre el tema y la documentación sobre el tema específico, como son los documentos del partido y sus facciones, para la redacción de la tesina.

5. Problema y pregunta/s: El problema a tratar nace de la constatación siguiente: en todo momento, registré una línea «franquista» o personalista alrededor del carisma del Cnel. Rafael Franco, por una parte, y varias líneas de oposición a este franquismo, las cuales fueron sucesivas en comparación a aquella, por otra. Entonces, mi pregunta inicial es: ¿por qué existió siempre una línea franquista y varias líneas de oposición o de izquierda –en el sentido amplio del término- en el transcurso de toda la historia partidaria?

Esto es, por una parte se encuentra a los seguidores del Cnel. Rafael Franco y que en términos simples, (nosotros) los jóvenes de entonces, llamábamos la derecha o el sector conservador o liberal en alguna medida. Por otra, la izquierda, en sus distintas vertientes, se compuso de seguidores de Anselmo Jover Peralta, del llamado Bloque Liberación, del «ricardismo» o movimiento de Ricardo Franco (sin relación de parentesco), movimiento con influencia del «aprismo» peruano, entre otros. Es más, en esta lucha de facciones es oportuno recordar que el Febrerismo se funda como partido cuando es expulsada una facción y se hace el partido con dos facciones principales: los «franquistas» y los «ricardistas».

6. Delimitación del problema y del marco teórico: Ambos procesos que son casi paralelos. Sin embargo, el primero implica la reducción de las expectativas de lo que se va investigar. Es un doloroso proceso de demarcación de lo que no se puede hacer y de que se pueden hacer algunas cosas. Entonces, las (nuestras) pretensiones «juveniles» maduran a costa de reducir lo que esperamos de nuestra tesina; parece una analogía de la vida misma. En el caso en cuestión significó que más que explicar ese proceso de lucha interna, intentaría modestamente caracterizarlo más que explicarlo y excluir el estudio del contexto nacional en el cual se inserta el proceso. En términos simples, esto implica ajustar el objeto de estudio, los conceptos y las hipótesis. Mi objetivo final fue caracterizar, en primera instancia, y explicar, en menor medida, la lucha interna partidaria como expresión de élites intelectuales por la conducción del movimiento y por la transformación de éste en partido.

7. ¿Quiénes (o los partidos) y cómo (analizarlos)?: La cuestión de cómo identificar a las facciones que luchan por la conducción del movimiento febrerista tiene su primer avance importante con la caracterización de Max Weber (5) y Robert Michels (6) de partidos y específicamente de «partido carismático» y «partido ideológico». Entonces, la lucha interna del Febrerismo es la lucha entre un partido carismático alrededor del Cnel. Franco y varios partidos ideológicos, de una u otra manera, de izquierda que se le oponen. Éstos pretenden construir un partido con sus orientaciones, aquella línea busca retrasar el momento hasta la coyuntura en la que puedan imponerse disponiendo en todo momento de un recurso estratégico: al carismático Cnel. Franco. Un rasgo de la experiencia febrerista –probablemente no su particularidad- está en que se suceden varios partidos ideológicos pero –por su misma naturaleza- siempre se mantiene un único partido carismático.

Ya identificados los partidos, surge la pregunta de cómo estudiarlos. Aquí se descubre a Umberto Cerroni (7) quien establece las diferencias entre «partido-máquina» o «partido-aparato», por una parte, y «partido-programa», por otra. Aquél considera sus recursos y acercamiento al poder interno partidario, preferentemente,  o su capacidad de incidir en él; mientras que el partido-programa estudia sus principios ideológicos y programáticos. Resumiendo, primero, ya se tienen a las facciones que se llaman partidos y, segundo, cada una de ellas serán analizadas como partido-máquina y partido-programa.

8. ¿Desde hasta? o lapso o período histórico: Una vez que se tienen los sujetos a estudiarse y cómo estudiarlos y el ámbito en el que actúan que es la lucha por la conducción del movimiento y su transformación en partido, resulta ya delimitado el campo de estudio en cuanto que se trata de una historia interna partidaria. Surge, entonces, la pregunta muy simple y muy histórica: ¿desde cuándo? y ¿hasta cuándo?.

Es memorable señalar que primero se encontró el fin antes que el comienzo; ejemplo que demuestra que el proceso de investigación puede ser diferente al de redacción o lectura del informe final. Un hito posible y relevante para el análisis fue la fecha de fundación del PRF: 11 de diciembre de 1951, aniversario de la victoria de Campo Vía, anudada a la gesta del Chaco y a la conducción del Cnel. Franco en esta batalla, y en el exilio, en Buenos Aires. Quedaba la otra parte, ¿cuándo se inicia el Febrerismo? Antes del «golpe revolucionario» del 17 de febrero de 1936 existían organizaciones o movimientos que se podrían llamar con justicia como pre-febreristas, los casos más paradigmáticos eran la Liga Nacional Independiente, por una parte, y el movimiento sindical en su diversidad, por otra. Los une la oposición al gobierno liberal de entonces.

Se optó por considerar el inicio del Febrerismo con el del gobierno febrerista que toma el gobierno el 17 de febrero de 1936. Este gobierno da el nombre al movimiento y durante este breve lapso de 18 meses ya se perciben con nitidez conflictos internos. Es más, los movimientos u organizaciones que podrían calificarse como pre-febrerismos se decantan y emergen las orientaciones febreristas de movimientos que se identifican por su participación y/o apoyo al gobierno de 1936. De esta manera, se cierra el lapso a estudiarse: desde el «gobierno revolucionario» que se inicia en Asunción, Paraguay el 17 de febrero de 1936 hasta la fundación del PRF, en el exilio, en Buenos Aires, Argentina, el 11 de diciembre de 1951.

9. Periodización o los cortes dentro del período: Un período no breve –de 15 años- y sobre todo con etapas muy distintas requería de fases o cortes internos; ya las dos puntas señalaban situaciones muy diversas: gobierno en el Paraguay y fundación del partido en el exilio. Se optó por una periodización basada en criterios institucionales que tiene como antecedente a una parte del texto de Manuel J. Cibils (8), lo cual se reconoce. Existió una instancia institucional previa al PRF que se llamó la Concentración Revolucionaria Febrerista (CRF), fundada el 23 de octubre de 1945, en el exilio, en homenaje a la defensa del Chaco por el estudiantado y a los luctuosos sucesos del día. La denominación es, por una parte, híbrida (ya no movimiento pero tampoco partido) pero, por otra, representa el primer intento institucional de unir a las facciones en una única conducción reconocida por todas ellas.

Por consiguiente, se establecieron tres fases: a) gobierno febrerista: del 17 de febrero de 1936 hasta el 13 de agosto de 1937, b) de la caída del gobierno a la fundación de la CRF: del 14 de agosto de 1937 hasta el 23 de octubre de 1945 y c) de la Concentración al Partido: del 24 de octubre de 1945 hasta el 11 de diciembre de 1951.

Como si lo anterior no fuese suficiente para complejizar la situación, también se debía considerar dos vidas paralelas: el interior y el exterior; esto es, lo que se desarrollaba en el país (Paraguay) y lo que ocurría fuera de él (en el exilio, casi exclusivamente Argentina y en especial en Buenos Aires). Lo significativo es que las facciones o «partidos» luchaban tanto en el interior como en el exterior. El resultado era, muy gruesamente, lucha entre el partido carismático y el o los partidos ideológicos en el Paraguay y lucha de uno y otros en el exilio. En el peor de los casos, se debía estudiar paralelamente a cuatro partidos: dos carismáticos (en el exterior porque allí residía el Cnel. Franco y sus ramificaciones internas en el país) y dos partidos ideológicos, tanto en el interior como en el exterior. Inclusive debía considerarse las dificultades de comunicación entre el país y el exilio.

Este fue el proceso de problematización, conceptualización y construcción de hipótesis o resumidamente el proceso de construcción del objeto de estudio. La documentación tan imprescindible al historiador no se planteó como problema porque se disponía de ella o por lo menos así se creyó o efectivamente –con algunas excepciones- así se dio.

III. Consideraciones teóricas entre sociología e historia.

10. ¿Élites intelectuales o sectores o clases sociales?: Se ha enfatizado básicamente el análisis de élites intelectuales que luchan por la conducción del movimiento y la transformación de éste en partido dado el peso que se ha otorgado a los «discursos» a través del análisis del partido-programa. No obstante, el estudio del partido-máquina, en la medida de lo posible, señala la composición social o facciones de clase o estratos sociales. Inclusive más, los discursos o partido-programa mostraban una relativa coherencia entre éste y su partido-aparato considerando los sectores sociales de influencia. Ha sido claro que los diferentes partidos ideológicos tuvieron la mayor parte de su base en sectores estudiantiles o clases medias y en el sindicalismo mientras que el partido carismático con muchos excombatientes tuvo más vinculaciones con el estamento militar, al que la conducción y membresía del partido ideológico carecían o les interesaba en mucho menor medida.

11. Ley de hierro de la oligarquía: En el proceso de revisión de la continuidad del partido carismático y en un artículo de Paul H. Lewis (9) se utilizó para el lapso en estudio y con mayores recursos empíricos el enfoque de Robert Michels sobre la ley de hierro de la oligarquía. Según este autor: quien dice organización, dice oligarquía; esto es: quien maneja la organización la va «oligarquizando» de una u otra manera al concentrar militancia, dinero, información, propaganda, etc. El partido carismático posee un recurso clave que permitió parcialmente esa «oligarquización» de la conducción: su identificación e influencia sobre el fundador del movimiento. Un capítulo de la tesis está dedicada al tema; éste era tabú para unos y a señalarse obligadamente para otros.

12. Documentos y entrevistas: Además de lo señalado sobre la documentación requerida, el texto posee un anexo documental (10 textos) en el que se encuentran aspectos que no están señalados explícitamente o en toda su extensión en el transcurso del análisis. Los anexos van desde parte de la fundación de la Unión Nacional Revolucionaria (UNR) el 15 de noviembre de 1936 hasta el Preámbulo de la Declaración de Principios del PRF del 11 de diciembre de 1951; esto es, a lo largo del período estudiado.

También se hicieron algunas consultas más que entrevistas y aquellas fueron escasas. Vale aclarar, las entrevistas o lo aprendido era la historia oral –ningún término más apropiado- del PRF que había escuchado a lo largo de años. Entonces, a la hora final, entre lo que sabía por cosecha propia al cotejar diferentes historias y la documentación obtenida, por una parte, y el corpus teórico y metodológico, por otra, resultó relativamente fácil estructurar el texto. Por esta razón, no figura entrevista alguna entre las fuentes.

13. Conclusiones: Son breves, se desprenden de las perspectivas de los partidos y se refieren fundamentalmente a la verificación de las hipótesis. La historia de la lucha de facciones por la conducción interna y pasar del movimiento al partido tiene dos perspectivas. Se adoptó la perspectiva que puede considerarse afín al partido ideológico. Según ésta: existen dos oposiciones fundamentales: primero: el paso del movimiento muy vinculado al carisma del Cnel. Franco a un partido político con una ideología precisa y segundo: estructurar al nuevo partido, tanto el partido-programa como el partido-máquina, orientado hacia una renovación o tendencia de izquierda, en el amplio sentido de la palabra.

En oposición, la otra perspectiva, que el autor no comparte, es la del partido carismático. Éste utilizaba su influencia sobre el líder y señalaba que cabía esperar el momento oportuno para estructurar el partido. Este partido carismático percibe a la lucha fundamentalmente como lucha de generaciones. Pero, además de lo señalado y más importante que este conflicto, desde la perspectiva del autor, otro era el factor clave para el partido carismático. La estructuración del, o de «su», partido significaba un partido sin tendencias que sobrepasasen límites difusos que pudiesen conducir a la hegemonía de una izquierda o de generaciones que no pudiesen controlar. Esto significaba: mantener el poder interno ideológica y  organizativamente.

14. Limitaciones del trabajo: Además de las reducciones propias de la construcción del objeto de estudio también pueden existir otras limitaciones. En el caso analizado, las limitaciones principales están ya mencionadas en el mismo prólogo redactado  por el autor y son dos: la ausencia de un contexto nacional que hubiese enriquecido más el análisis interno y la rigidez metodológica en el análisis. También estas dos limitaciones registran los comentarios de contratapa.

Indudablemente, más de 25 años después sería fácil encontrar otras limitaciones; tanto internas (como desniveles en las exposiciones en las distintas fases: resulta menos clara la del período 1945 a 1951, especialmente después de la guerra civil de 1947) o las omisiones (como carencia de estadísticas, ausencia de análisis de género, etc.) pero se señalan las dos fundamentales.

15 Circunstancias de la Tesina: Además de los condicionantes o contexto del/a autor/a también vale considerar las circunstancias específicas en las que se produjo esa tesina. En este caso, se trataba de

a) una beca o, mejor dicho, la urgencia de acceder a esa oportunidad gatilló la rapidez en escribirla;

b) disponibilidad del tutor/a/e/s: no con la frecuencia que el autor desearía porque sencillamente es imposible;

c) estímulo a escribir tanto por la beca como por el interés en el tema; reconozco y agradezco al profesor A Irala Burgos (+) su estímulo (quien siempre me recordó los peligros de escribir sobre un partido en el cual militaba).

Desde el presente, como estudiante de (la Maestría en) Historia, una cuestión muy relevante es que el abordaje fue de sociológico: problema e hipótesis y luego material empírico o documentación. No se comenzó por «buscar los documentos». La importancia de la teoría es un tema que, algunos profesores, en la Maestría (de Historia) han insistido en forma muy pertinente. No puedo señalar que indefectiblemente ese orden es el del/a historiador/a. Pero tampoco creo que, porque no existan documentos en la cantidad suficiente o no existan fuentes primarias (de los mismos protagonistas, por ejemplo) no pueda existir historia, especialmente la historia inmediata. Los sectores subalternos generalmente carecen de documentación y la oposición política en este país con más experiencias autoritarias que democráticas tampoco produjo muchos materiales y, en menor medida, los preservó; en más de una ocasión por razones de sobrevivencia. En el caso de referencia, el problema de documentación para el entonces aprendiz de sociólogo no fue problema porque disponía de casi todo el material como lo probó el mismo proceso investigativo.

En todo momento, debe reconocerse que el motor último y principal es el/a autor/a. Los recursos sirven si existe la vocación, la tenacidad y la capacidad del/a autor/a. Lo/a/s  tutore/a/s pueden colaborar con nosotros pero no los tendremos en toda ocasión y ni siquiera, a veces, todas las veces que necesitáramos. Otra vez, el mayor protagonista es el mismo autor.

Para terminar, nada más oportuno, que transcribir el párrafo final de la presentación escrita por el mismo autor para su publicación en 1983:

«Finalmente, cabe repetir lo inacabado de este ensayo. Pero ha primado la búsqueda de compartir resultados, aún parciales e incompletos, sobre el virtuosismo de la obra acabada o con ambiciones de perfección. Compartimos la reflexión de Alfonso Reyes, en sus Cuestiones gongorinas: ‘Esto es lo malo de no hacer imprimir las obras: que se va la vida en rehacerlas’.»

 

Anexo:

 céspedes - anexo

 

Notas

1. Estudiante de la Maestría en Historia en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), sede Asunción; docente de grado y posgrado; Licenciado en Sociología en la UC de Asunción, Paraguay (1981), Master of Arts, Sociology, Rutgers, the State University of New Jersey, USA (1983) y Master of Philosophy, Latin American Studies, Glasgow University, Scotland, UK (1994). Opiniones personales que no comprometen a las instituciones en las que trabaja o ha trabajado. Actual profesor de «Realidad nacional» de la carrera de Trabajo Social de la Facultad de Filosofía (UNA), sede Asunción.

2. En el lenguaje común de entonces (y la anécdota ya es base un registro histórico) se asignaba este nombre a la tesis de Licenciatura mientras que tesis correspondía a la de Maestría y/o Doctorado (aunque estos dos niveles se visualizaban como propios de Posgrado en el exterior).

3. En el lenguaje común de entonces (y la anécdota ya es base un registro histórico) se asignaba este nombre a la tesis de Licenciatura mientras que tesis correspondía a la de Maestría y/o Doctorado (aunque estos dos niveles se visualizaban como propios de Posgrado en el exterior).

4. Según el Diccionario de la Real Academia Española, 22ª. Edic., 2002 (DRAE22) «que se distingue bien» o «inteligible o fácil de comprender».

5. Max Weber. Economía y sociedad. México: FCE, 1977.

6. Robert Michels. Introducción a la sociología política. Buenos Aires: Paidós, 1969.

7. Umberto Cerroni y otros. Teoría (marxista) del partido político. Córdoba, Argentina: Cuadernos de Pasado y Presente, 1971.

8. Manuel J. Cibils. Anarquía y revolución en el Paraguay. Buenos Aires: Américalee, 1957.

9. Paul H. Lewis. Leadership and conflict within the Febrerista Party of Paraguay, en: Journal of Inter-American Studies, 1967, April, Miami, Florida, USA.

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2 Responses to “Experiencias en la elaboración de una tesis. Notas para un diálogo de sociología e historia*”

  1. 1 Ignacio

    Excelente texto! ciertamente ya alguien había dicho que la lógica de la investigación no coincide con la de la exposición, y es bueno compartir el proceso de investigación.
    Es muy importante insistir en lo fundamental de la relación teoría-datos y viceversa, porque sino quedamos presos o de la descripción tipo catálogo, o de buscar los datos que me sirven para sostener la teoría.
    Igualmente insistir, como lo hace el texto también, en la importancia que la pregunta surja del presente del que investiga. Hay, creo (aunque no es una axioma), una responsabilidad ética del proceso de investigación. Se investiga para algo, por más que la motivación sea cumplir un requisito académico (pero no siempre la investigación es para escribir una tesis, esperemos que le proceso continúe más allá).
    Una vez más, siempre es importante tener en cuenta el rol del intelectual (incluyendo en esta categoría al que investiga) y a quien está sirviendo.
    Me parece que la pregunta por el presente ayuda mucho a tener la necesidad de una teoría para ir al pasado (inmediato, mediato, lejano).

  2. Agradecido por tus comentarios.
    Es imprescindible ese diálogo permanente entre teoría y datos así como ser consciente de que siempre se llega al objeto de estudio con prejuicios, hipótesis, etc. y el deber de superar el empirismo ingenuo.
    La motivación para escribir surge de algún problema vital que tenemos como parte de nuestra sociedad; caso contrario sería una investigación con sabor insípido y con efectos probablemente inocuos.
    El rol del intelectual es el más difícil; está entre la ética personal y profesional y las exigencias cotidianas de ingresos. Pero, llamarla a la verdad mentira, como lo señala Brecht en Galileo Galilei, es criminal.
    Roberto


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