Camas calientes

09Ago09
Revuelta (Fotografía: José Escobar)

Revuelta (Fotografía: José Escobar)

Por José Escobar (josesko@yahoo.com)

Jairo llegó a Madrid vía aérea y no bien pasó los controles de Barajas se vio inserto en un piso, compartido con otros cinco inmigrantes, en el que solo tenía derecho a ocho horas de cama o sueño. Debía dormir y largarse, porque la cama, o el colchón -o en casos más extremos el suelo- sería ocupado entonces por otro, con el que se turnaba todos los días. Camas siempre ocupadas o camas calientes, les llaman. Eufemismo de lo urgente.

Ecuatoriano de Guayaquil, de 28 años, Jairo pagó literalmente derecho a piso, y a un piso estrecho, además. Pero superadas las inevitables penurias iniciales Jairo es hoy chef (cocinero, si quieren), vive en el céntrico barrio de Lavapiés y más bien que mal lleva adelante una vida que ya forma parte de esa Babilonia bimilenaria, pintada a lo Manu Chao, dura pero intensa, jalonada de aristas todas pujantes y urbanamente seductoras.

Sin pretender encarnar el arquetipo del sudaca abnegado y “estadístico” -si vale el término- Jairo es, en resumidas cuentas, un inmigrante más que se remanga a diario para apuntalar con sus nueve horas de trabajo una economía que sustenta en gran medida su bienestar social subsiguiente en una masiva mano de obra extranjera (normalmente barata) que hace posible la estabilidad de los estándares de producción. O, digámoslo claro, que hace posible hoy que vivan así de bien como viven los españoles.

Veamos si no: España tiene hoy más de más de 44 millones de habitantes de los cuales cerca de un nueve por ciento son extranjeros, es decir casi cuatro millones. Si a ello sumamos una sociedad envejecida, con el 18 por ciento de la población mayor de 65 años -y por lo tanto improductiva en clave laboral- la necesidad de llenar huecos o nichos productivos es obvia. Los inmigrantes sostendrán las pensiones en España casi hasta el 2029 y de ellos (quisiera decir nosotros) depende solucionar ese desequilibrio entre población activa y jubilada, en tenaz aumento.

Con un recambio generacional negativo (la tasa de natalidad se mantiene en 1,5 hijos por mujer), en España muere más gente de la que nace, con lo cual los ibéricos no solamente necesitan brazos duros que les recojan las naranjas o las fresas, les cuiden a sus ancianos o les reparen sus techos: necesita además gente que folle (perdón), en sentido reproductivo, para que allí no quede más que un páramo de ancianos y brote la gente joven y eficaz.

Y aquí no acaba la cosa, las previsiones señalan que en los próximos quince años (un no tan lejano 2023) la cantidad de inmigrantes necesita doblarse, o más, porque el mercado de trabajo requerirá unos seis millones de nuevos brazos, o Jairos, para cubrir el desplome demográfico señalado.

Es lo que hay. No nos engañemos entonces con estimaciones de un solo sentido, que se trata de un fenómeno especular.

Ya la definición de simbiosis señala la asociación de individuos (o de diferentes especies) que sacan provecho de la vida en común.

Jairo lo sabe muy bien y yo sé lo que sabe Jairo; no en vano compartimos alguna vez camas calientes (ausente el acento reproductivo, claro).

Publicado en ABC Color el jueves 18 de diciembre de 2008 [Disponible en: http://archivo.abc.com.py/blogs/post/715/camas-calientes]

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