Algunas dimensiones de la inserción laboral de migrantes paraguayos en la industria de la construcción de la Ciudad de Buenos Aires

09Ago09
Obreros paraguayos en Buenos Aires (Fotografía: Álvaro Del Águila)

Obreros paraguayos en Buenos Aires (Fotografía: Álvaro Del Águila)

Por Álvaro Del Águila* (alvarodelaguila@hotmail.com)

* Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires

Introducción

Las páginas siguientes surgen del intento de posar una mirada antropológica sobre un fenómeno social que ha adquirido gran visibilidad con el correr de los últimos años: la presencia de trabajadores paraguayos en las obras de construcción de edificios en la Ciudad de Buenos Aires (en adelante, C.A.B.A.). Según argumenta Grimson (2006) durante la década de los noventa aumenta la proporción de inmigrantes limítrofes en relación al total de extranjeros, comenzando a desplazarse desde las zonas fronterizas hacia los centros urbanos. A partir de estos procesos, empiezan a  evidenciarse transformaciones socioculturales profundas, que van dando lugar a un cambio en el régimen de visibilidad de la etnicidad en la Argentina por el cual se pasa de una situación de “invisibilización” de la diversidad a una de “hipervisibilización de las diferencias” (Grimson, 2006), traduciéndose en un paulatino desplazamiento de las identificaciones de clase por las étnicas.

Como objetivo general, guía a esta investigación el propósito de reconstruir las trayectorias migratorias de algunos trabajadores oriundos del Paraguay que encontraron en la industria de la construcción de la C.A.B.A. un medio de inserción laboral acorde a ciertas expectativas sostenidas por ellos, que coincidieran en dar como resultado el alejamiento permanente o temporario de sus comunidades de origen en aquél país. En el marco de la investigación realizada, se pretendió indagar sobre sus trayectorias migratorias partiendo de considerar al ámbito del trabajo como un espacio estructurante de importancia central en las experiencias de los sujetos. Para esto, fue preciso partir de una concepción que entendiese a sus experiencias como objeto de indagación antropológica, y en ese sentido, permitiese pensar a los obreros desde categorías de análisis propias de la disciplina. De esta forma, se consideró a los obreros paraguayos en las obras como conformando un grupo “etno-laboral” específico, constituido tanto por las múltiples trayectorias individuales como por una historia particular en cuanto a su existencia como grupo “visible” en nuestra sociedad.

Los objetivos específicos planteados para esta investigación convergieron en el intento de restaurar la dimensión del significado en las experiencias de los sujetos. En primer lugar, se buscó describir las condiciones estructurales de emigración vigentes en las comunidades de origen de los trabajadores a la hora de su alejamiento. Para ello, nos servimos de sus propios relatos de vida, surgidos a partir de la realización de entrevistas en profundidad. También fueron de utilidad en este punto algunas fuentes escritas y estadísticas de diversa índole, ayudándonos a completar el panorama social y productivo de las regiones de emigración en el momento en que nuestros informantes se disponían a dejarlas.

Como segundo objetivo específico, buscamos elaborar una periodización de la inserción laboral de paraguayos en la industria de la construcción de la C.A.B.A. que pudiera contribuir a una comprensión más global del fenómeno. Este punto se volvió central, en la medida en que partimos de considerar que las disposiciones de un sujeto a hacer algo (migrar, trabajar en la construcción, etc.) pueden argumentarse a través del análisis de ciertas relaciones históricas de poder. De esta forma, al analizar los distintos “momentos” de la migración masiva de paraguayos hacia la C.A.B.A. (junto a su correlato en la inserción laboral de éstos en las obras), pudimos ajustar más apropiadamente los límites espacio-temporales de indagación. Como corolario de la investigación, fue nuestra intención presentar algunas reflexiones relativas a los procesos de redefinición de los límites étnicos operados por los sujetos a partir de su inserción laboral en las obras, en el marco amplio de la sociedad receptora.

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Marco teórico y metodológico

Optamos por estructurar el abordaje alrededor de tres ejes principales de indagación: migraciones, trabajo y etnicidad. Cerrará la sección una breve referencia al trabajo de campo realizado en el marco de la investigación.

Migraciones limítrofes hacia la Argentina

Con respecto a los aportes de los que nos hemos servido en este punto para la elaboración de nuestro problema de investigación, pueden citarse numerosos trabajos provenientes tanto desde la Antropología como desde la Sociología, la Demografía y los Estudios de Población. Optamos aquí por dar cuenta sólo de aquellas aproximaciones que se han interesado por la relación entre migración y trabajo.

Mariela Ceva (2006) afirma que, en general, se ha escrito mucho acerca de las inserciones laborales de migrantes provenientes de países limítrofes a partir de la década de 1960,  pero que no ha ocurrido lo mismo con el período anterior. Esto, según la autora, se debe por un lado, a la escasez de información fidedigna sobre el período previo y por otro, a la poca cantidad de migrantes limítrofes en las ciudades durante esos años en comparación a la presencia de migrantes transatlánticos. Es importante en este punto destacar que, como remarca Bruno (2008: 3), desde el comienzo de la historia censal moderna en 1869 hasta la actualidad, los migrantes limítrofes en conjunto representan entre un 2 y un 3 por ciento de la población total del país. En este sentido, es preciso considerar que las variaciones en el régimen de visibilidad del Otro no siempre se fundamentan en un aumento concreto de su presencia en nuestras sociedades. Como fuera descripto anteriormente, las construcciones del sentido común en la mayor parte de los casos no siguen una “lógica estadística”, y por lo tanto, la explicación de tales construcciones debe buscarse en otro lado.

Con respecto a la inserción laboral en el mercado de trabajo argentino, distintos autores (Benencia y Karasik, 1995; Marshall y Orlansky, 1983; Balán, 1990; Maguid, 1997) coinciden en señalar que, en un primer momento, los migrantes limítrofes responden a las demandas coyunturales de mano de obra o a trabajos temporarios en cosechas, principalmente en las áreas limítrofes o fronterizas. Para Maguid (1997), un segundo momento se habría iniciado cuando los migrantes comienzan a cubrir, a  partir de 1947, los puestos de trabajo en las industrias regionales y mineras que empiezan a ser abandonados por los migrantes internos que dejan sus provincias natales para trasladarse hacia la Capital y el Gran Buenos Aires. A partir de 1960, con la caída de los precios de los productos regionales y la incorporación de tecnología de mecanización de la cosecha en el noroeste, la migración limítrofe habría cambiado de rumbo, buscando nuevas oportunidades en el AMBA, en los rubros de la construcción, la industria manufacturera y el servicio doméstico, por estar estas tareas mejor remuneradas que en el resto de las provincias argentinas o en sus propios países (Balán, 1990; Maguid, 1997). Trabajos más recientes (Bruno, 2008) muestran cómo este patrón de inserción laboral y de residencialidad se ha visto modificado en las últimas décadas, cuando la migración limítrofe comienza a dirigirse de forma directa hacia las grandes ciudades del país, en general, sin hacer escalas previas en otras provincias de la Argentina. Según Maguid (1997), el AMBA continuó siendo el destino preferido por paraguayos (65% del total residente en el país) y bolivianos (39%) durante la década de 1990.

Con respecto a la inserción laboral de migrantes limítrofes en la industria de la construcción, especialmente en la C.A.B.A., varios autores coinciden en señalar que el rápido y continuo desarrollo de la construcción residencial privada empleó grandes cantidades de mano de obra adicional en el corto plazo, sobre todo paraguayos y bolivianos que se fueron sumando a los migrantes internos y nativos del área que se estaban reubicando en esta rama a causa de su carácter dinámico y expansivo (Benencia y Karasik, 1995; Marshall y Orlansky, 1983). La inserción de migrantes limítrofes en la construcción se ha ido concentrando desde entonces, tendencia que es interpretada por algunos autores como de “inserción selectiva” de los migrantes en un mercado flexible y desventajoso en cuanto a salarios y a condiciones de empleo (Maguid, 2001). Como veremos, ésta no es la única interpretación posible y, otra autora, complejizará el tratamiento de la cuestión a partir de un acercamiento etnográfico (Vargas, 2005).

El trabajo y su explotación

En relación al abordaje más general sobre las cuestiones relativas al trabajo, nuestra perspectiva se nutrirá fundamentalmente de la línea de indagación inaugurada por Claude Meillasoux. El autor, complejizando desde la antropología los planteos fundamentales de Marx, da comienzo a una vía de análisis sobre el estudio de la explotación y la sobreexplotación del trabajo que entrelaza los problemas de la reproducción de la fuerza de trabajo con aquellos de la demografía y de la producción. Para el caso que es motivo de nuestra investigación, revisten fundamental importancia los aportes que realiza Meillasoux en su libro Mujeres, graneros y capitales (1972), en el cual desmenuza los modos de explotación de la comunidad doméstica por parte del sistema capitalista, y analiza el fenómeno del Imperialismo como modo de reproducción de mano de obra barata.

En dicha obra, el autor llama la atención sobre el hecho de que la “agricultura de alimentación” (Meillasoux, 1972: 137) en los países subdesarrollados, permanece casi totalmente al margen de de la esfera de la producción capitalista, aún cuando está, directa o indirectamente, relacionada con la economía de mercado mediante el abastecimiento de mano de obra alimentada en el sector doméstico. De esta manera, esa economía de alimentación pertenece a la esfera de la circulación del capitalismo en la medida que lo provee de fuerza de trabajo, mientras que permanece fuera de la esfera de la producción capitalista “por cuanto el capital no se invierte en ella y porque sus relaciones de producción son de tipo doméstico y no capitalista” (Meillasoux, 1972). A partir de esta relación entre dos sectores donde dominan relaciones de producción diferentes (domésticas y capitalistas)  es que “el imperialismo pone en juego los medios de reproducción de una fuerza de trabajo barata en provecho del capital” [dando lugar a un] “proceso de reproducción que es, en la fase actual, la causa esencial del subdesarrollo y al mismo tiempo, de la prosperidad del sector capitalista.” (Meillasoux, 1972). La verdadera ventaja, entonces, no pasaría por alterar las relaciones de producción vigentes en estas regiones sino, por el contrario, en preservar el sector doméstico productor de alimentos, perpetuando así la acumulación originaria. De esta forma, el sistema capitalista preserva en las zonas de emigración las condiciones de agricultura de autosubsistencia y las relaciones domésticas de producción, impidiendo la expansión capitalista a estas zonas rurales proveedoras de fuerza de trabajo. Por lo tanto, para captar algún tipo de beneficio, los trabajadores se ven forzados a migrar temporalmente hacia el sector capitalista, en donde podrán vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario, aunque siempre por períodos cortos, de forma tal que el empleador no deba hacerse cargo de sus cargas sociales ni de su manutención.

La importancia que este enfoque reviste para nuestro tratamiento del caso de los trabajadores paraguayos en la construcción de la C.A.B.A., puede ser mejor comprendida al recordar que, en casi la totalidad de los casos relevados durante el trabajo de campo, los migrantes provenían del sector rural paraguayo, y desarrollaban sus vidas al interior economías de subsistencia productoras de alimentos.

En relación a las formas particulares que adopta la explotación del trabajo en la industria de la construcción, puede decirse que éstas han sido ampliamente abordadas por autores provenientes de la Sociología del Trabajo, tanto de Argentina como de otros países. En este sentido, debe destacarse el gran aporte que significaron los trabajos de Panaia (1990, 1995) para nuestra investigación. La autora parte de considerar que, en general, el enfoque macroeconómico no logra dar cuenta de las múltiples configuraciones que adoptan el trabajo, la técnica y la organización en situaciones de transición como la argentina, de industrialización tardía y periférica. Es por esto que propugna por un análisis de tipo sectorial, “mesoeconómico”, y en especial, por un análisis en profundidad de aquellos sectores de la industria conocidos por las ciencias del trabajo como “no fordistas”, entre los cuales se suele ubicar a la industria de la construcción. Según lo explica, a diferencia de los países centrales, en la Argentina, la expansión del taylorismo y del fordismo nunca fue tan pronunciada a causa, en muchos casos, de cierta preeminencia de la empresa “de origen y familiar” (Panaia, 1995: 2). El escaso empleo de tecnologías mecanizadas, junto al predominio de procedimientos manuales tradicionales, habrían hecho de la construcción edilicia, un “submercado económico” en el que prevalece el uso intensivo de la mano de obra (Panaia, 1995: 3).

Siguiendo a la autora, a partir de la década de 1990, con el Plan de Convertibilidad, tiene lugar un aumento de la apertura económica, junto con una reestructuración regulatoria y un acelerado proceso de privatizaciones, que habrían ido dando lugar a una paulatina retirada del Estado de la esfera productiva Al mismo tiempo, se habría incrementado la implementación de legislaciones laborales destinadas a disminuir los costos de producción. En este período, “la desocupación y la informalización aumentan, estancándose la expansión del empleo asalariado, lo cual facilita la aceptación de condiciones de precariedad en el mercado” (Panaia, 1995: 6). En este sentido, Monza (1993) ha planteado la coexistencia durante estos años de dos economías muy diferenciadas, que podrían ser agrupadas alrededor de las nociones amplias de “formalidad” e “informalidad”. En los sectores precarios e informales, durante estos años se habría evidenciado un aumento de las condiciones de explotación, por la permanente amenaza del desempleo, pero también una creciente, y a veces despiadada, obtención de aumentos de la productividad. (Panaia, 1995)

Aparentemente, el concepto de “productividad ideal” que estarían poniendo en marcha muchas empresas constructoras en nuestra ciudad seguiría basándose en el rendimiento máximo de cada unidad física de trabajo (“trabajo vivo”), continuando una línea de organización taylorista del trabajo y “una lógica productiva asentada en rígidos principios de movilización de los saberes y las capacidades productivas” (Panaia, 1990:10). Sin embargo, en relación a la construcción artesanal y semi-industrializada (que puede decirse, representa al mayor número de los emprendimientos edilicios de los últimos años en la C.A.B.A.) estos sistemas de organización se han demostrado poco aplicables. El antiguo concepto taylorista de “productividad”, por el cual la mayor producción de un trabajador era vista como mayor producción de conjunto, cae estrepitosamente para el caso de la construcción de mediana envergadura en la C.A.B.A. La realidad muestra que una de las características principales del trabajo que desarrollan los obreros de la construcción es la de ser cooperativo. En este sentido, el grado de desarrollo y complejización de esa cooperación afecta de forma fundamental al ritmo del trabajo y, por consiguiente, a la productividad. Más adelante podremos ver qué repercusiones tiene sobre el proceso de trabajo el hecho de que los obreros interactúen más o menos cooperativamente en un marco de relaciones inter/intraétnicas.

Etnicidad

Siguiendo lo planteado por Hidalgo (1992), aún cuando el tema de la etnicidad puede rastrearse hasta las primeras producciones de la historia de las Ciencias Sociales, entre 1916 y 1971 ningún libro de texto antropológico importante incluye como entrada de su glosario los términos “étnico” o “grupo étnico”. Es por esto que debe reconocerse a la obra de F. Barth (1976) como pionera en el abordaje del tema, y a cuyo análisis dedicaremos un espacio central, ya que será recién a partir de 1969, con la publicación de su libro, que se impondrá una perspectiva alternativa al tratamiento antropológico de la cuestión, dando lugar a “un verdadero cambio disciplinar hacia nuevos problemas, nuevos énfasis y nuevos focos de atención” (Hidalgo, 1992:7). Continuando con una línea de análisis inaugurada por los primeros planteos de Max Weber, Barth afirma que los grupos étnicos no son distinguibles uno de otro a partir de un conjunto determinado de rasgos/aspectos culturales, sino que, por el contrario, éstos se ven alterados, desplazados o reconfigurados a partir de situaciones de interacción con otros grupos. En este sentido, plantea un enfoque que toma distancia de los estudios antropológicos contemporáneos cuyo punto de partida concebía a la etnicidad como existiendo en forma independiente de los grupos sociales. Barth comprenderá a los grupos étnicos como “categorías de adscripción e identificación que son utilizadas por los actores mismos y tienen, por lo tanto, la característica de organizar la interacción entre los individuos” (Barth, 1976: 10).

Más allá de la importancia de sus aportes, es preciso dejar en claro que Barth no desarrolló una teoría propiamente dicha ni de los grupos étnicos como tampoco de la etnicidad. Por lo anterior, consideramos junto a distintos autores (Robins, 1999; Bari, 2002), que el enfoque de Barth, aún cuando representa un punto de partida fundamental para el tratamiento de la etnicidad, debe ser complejizado al abordar grupos étnicos concretos. Nuestro marco teórico rescata en este sentido la importancia del aporte de Díaz Polanco (1988) en lo referente al debate en torno a las distinciones entre etnia, clase social y nacionalidad, ya que las fronteras conceptuales entre estas categorías suelen, o bien obviarse, o bien malinterpretarse, tornándose decisiva para cualquier investigación sobre el tema una clarificación de los términos. En primer lugar, el autor plantea que, una vez conformados los sistemas sociales clasistas, “la etnicidad debe ser considerada como una dimensión de las clases, o como un nivel de las mismas” (Díaz Polanco, 1988:62). Desde este punto de vista, su enfoque representa un importante avance en relación al planteo original de Fredrik Barth, en el sentido de que para éste último, las fronteras étnicas serían modificadas a través de relaciones de interacción simétrica entre miembros pertenecientes a distintos grupos étnicos. Así, lo que Barth no habría considerado (y que resulta central para el análisis de nuestro caso) es que la historia de un grupo étnico es fundamentalmente “la historia de ciertas relaciones interétnicas e intraétnicas que puede ser objetivamente relatada” (Ringuelet, 1986: 43). El aporte de Díaz Polanco es iluminador en otros sentidos. Desde lo metodológico, al proponer un abordaje que contemple la relación entre etnicidad y clase social:se debe partir de otra estructura [la estructura de clases] para entender la naturaleza y reproducción del complejo étnico, postulando que el fenómeno cultural y social que este último implica está determinado por aquella estructura clasista; no en el sentido de que la primera produce al segundo, sino en el sentido de que en el movimiento de una podemos encontrar la clave de la constitución y reproducción del otro (Díaz Polanco: 1988: 64).

El segundo gran aporte que nos ofrece el abordaje de Díaz Polanco se torna revelador en lo concerniente a las diferencias existentes entre las categorías de etnicidad y de nacionalidad. Díaz Polanco ofrece una clarificación bastante alentadora, al afirmar que “representa [la identidad nacional] una estructura compleja de clases sociales en relaciones recíprocas asimétricas” (Díaz Polanco, 1988: 69) que, al mismo tiempo, darían lugar a un terreno sobre el cual se desarrolla una forma particular de identidad, de naturaleza política. Siguiendo al autor, podríamos entonces concebir a la nacionalidad como una formación clasista que desarrolla una identidad política sobre la base de ciertos componentes étnicos. Como lo sintetizara una autora argentina, Díaz Polanco nos propone considerar grupos étnicos a “los que manifiestan su especificidad dentro de una sola clase social, y nacionalidades a los sectores étnicos que tienen fracturas internas por clases” (Juliano, 1992: 53).

Situándonos en esta línea de análisis, argumentaremos en favor de una comprensión del caso de los migrantes paraguayos en la construcción de Buenos Aires como un fenómeno más vinculado a lo “étnico” que a lo “nacional”, y en este sentido, como un asunto sobre el cual la Antropología como disciplina tiene mucho que decir. Este tipo de enfoque nos permitirá, más adelante, captar el rol decisivo que una “situación de estratificación” (Robins, 1999) cumpliría sobre los grupos étnicos, donde uno de éstos controla los medios de producción que son utilizados por otro durante el proceso productivo, dando lugar al consiguiente control diferencial de los bienes socialmente valorados. De esta forma, el de los obreros paraguayos en las obras de C.A.B.A., puede ser considerado un caso en el que la dimensión étnica adquiere características específicas en torno al modo dominante de extracción del plusvalor.

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Metodología de la Investigación

En razón de que un recuento detallado de los pormenores de nuestro acceso al campo excedería el marco de este artículo (1), sólo presentaremos algunas decisiones metodológicas centrales que fueron tomadas para el acercamiento. En primer lugar, debe destacarse el rol central que tuvo para nosotros el hecho de desempeñarnos laboralmente en la industria de la construcción hace años (2). A partir de esta situación, la realización de entrevistas en profundidad a algunos obreros seleccionados como informantes clave, junto con la reconstrucción de sus historias de vida y el trabajo de campo en las obras, se constituyeron en las características centrales que adquirió el proceso de construcción de nuestro objeto de estudio.

“De origen”: sobre la emigración de paraguayos hacia Argentina

Hubo una pregunta que se tornó central a la hora de plantearnos la comprensión teórica del fenómeno de los paraguayos en las obras de la C.A.B.A.: “¿Quiénes son los que migran hacia la C.A.B.A. para insertarse en la construcción?”. Luego de probar distintos modos de acercarnos a una respuesta, entendimos que cualquier posible comprensión del tema debía partir de considerar el proceso histórico de conformación de un determinado actor social, esto es, “el hombre paraguayo que se predispone a dejar el Paraguay”. Fue así que comenzamos a buscar trabajos previos que retrataran las condiciones del país de las que éstos  buscan alejarse. Esta línea de análisis nos condujo a indagar sobre la interdependencia de los procesos de conformación histórica del Estado Paraguayo y de la migración de su fuerza de trabajo hacia el exterior. Al profundizar en algunas relaciones, se tornó ineludible para nosotros la reflexión sobre ciertos procesos históricos fundamentales. De esta forma, decidimos comenzar este apartado narrando brevemente algunas de las consecuencias que tuvo para el Paraguay la “Guerra Grande” que Argentina, Brasil y la Banda Oriental iniciaron contra aquél país en 1865, y que constituyó, por lo que expondremos a continuación, “un antes y un después” para su pueblo. Aunque pueda considerarse que se trata de un proceso demasiado alejado del recorte temporal planteado por nuestra investigación, no puede pretenderse un análisis de las verdaderas causas de la migración paraguaya hacia la Argentina que no ponga en relación la devastación que se experimenta en el Paraguay de la postguerra.

Antecedentes históricos de la emigración paraguaya

En Mayo de 1811, la provincia del Paraguay se independiza de España. El Dr. Francia dirigirá el Paraguay entre 1814 y 1840, y como una de las primeras medidas de gobierno, cerrará las fronteras de la naciente república al comercio exterior (Cardozo, 1996). De este modo, Paraguay se convertirá en una de las primeras naciones americanas que logra autoabastecerse, rompiendo a partir de esto los lazos comerciales con España y con los gobiernos vecinos, encabezados por Buenos Aires (De Laino, 1993). Entre los avances que tienen lugar durante el mandato del Dr. Francia, deben destacarse la instalación del primer ferrocarril de América, así como la construcción del primer astillero de envergadura y de los altos hornos más importantes de la región (3) (Cardozo, 1996). Prácticamente la totalidad de las tierras serán expropiadas a españoles y a sus descendientes durante estos años, pasando a formar parte de la propiedad del Estado Paraguayo. Éste, a su vez, comenzará a arrendarlas a los campesinos nativos bajo la condición de que sean destinadas a la ganadería o a cultivos productivos. Al mismo tiempo, el Estado reservará para sí las mejores tierras, organizando en ellas las célebres “Estancias de la Patria”, que servirán para abastecer al ejército y a la gente sin recursos económicos (Pastore, 1972: 123). Luego de la muerte del Dr. Francia, asume el poder Carlos Antonio López, quien abre las puertas al comercio exterior, desarrolla la industria estatal y trae técnicos extranjeros al país. A su muerte en 1862, le sucede su hijo Francisco Solano López, quien deja entrever ciertas aspiraciones de gobierno en el desarrollo de la región (Cardozo, 1996).

Esto, sin lugar a dudas, junto con la invulnerabilidad e independencia (4) que desarrolla la economía paraguaya por estos años son las que empujan a los aliados a desencadenar la Guerra de la Triple Alianza contra el país. Guiados por las directivas inglesas en materia de “libre cambio”, Mitre y la oligarquía argentina se alían con Brasil y con la Banda Oriental para impulsar una terrible ofensiva de cinco años de duración. El liberalismo inglés no acepta que los nuevos países puedan emanciparse económicamente y, aún menos, que pretendan competir con él. Por esto, “se mantienen oligarquías retrógradas como la brasileña y la argentina. Paradojalmente, esos países dominados por el imperialismo económico inglés, se embanderan de representantes de la ‘civilización’  para destruir las economías nacionalistas y autónomas, como la del Paraguay” (Chiavenato, 2008: 75). La Guerra de la Triple Alianza (1865-1870) redujo la población del Paraguay de unos 800.000 (ochocientos mil habitantes), a una población de 221.000, la mayor parte de la cual quedó compuesta sólo por mujeres y niños (5) (Kleipenning, 1992: 474). Una de las consecuencias centrales del proceso fue la de la emergencia de un nuevo Estado que comenzaría a funcionar en todos sus órdenes (económico, político, institucional) en forma subordinada a sus vecinos vencedores, Brasil y Argentina.

El modo en que esto transcurre repercute fundamentalmente en la exclusión del pueblo paraguayo del aprovechamiento de los recursos del país. Una vez finalizada la guerra, comienza un acelerado proceso de venta de tierras al mejor postor, que en casi todos los casos, a causa de la devastación del pueblo paraguayo, fue extranjero y aliado. En 1874, el Estado pone a la venta el ferrocarril y también otorga la primera concesión de tierras a una compañía privada, la Patricio Escobar y Cía. Dicha concesión suele ser entendida como el primer paso hacia el latifundio que, de ahora en más, se constituirá en el régimen que primará en Paraguay hasta nuestros días (Pastore, 1972: 299).

En 1944, se efectúa el Censo Agrícola más completo hasta el momento, arrojando que de 94.498 productores agrícolas censados en el país, sólo 15.080 eran propietarios, 6.130 eran arrendatarios, 70.247 eran ocupantes y 3.083 tenían otra forma de relación con los dueños de la tierra (6) (Pastore, 1972). A partir de esta situación, De Laino afirma que “es comprensible ver que al campesino paraguayo no le quedó sino el camino del éxodo que, además de llevar nuestra fuerza de trabajo a otras naciones, acrecentó el patrimonio de los latifundistas (De Laino, 1993:45). Otro autor (Kleinpenning,  1992: 336) muestra como, con el paso del tiempo, esta situación se fue agudizando. En vísperas de la Guerra por el Chaco con Bolivia (1932-1935), la situación no podía ser más grave: 30 millones de hectáreas estaban en manos de 32 familias o empresas y sólo quedaban 300.000 hectáreas para 35.000 pequeños o medianos propietarios.

La compra de grandes extensiones por pocos propietarios, el alambrado, la degradación de los precios de los productos agrícolas, la baja calidad de las condiciones de vida, han venido provocando la expulsión del agricultor de sus pequeñas parcelas de tierra, el abandono y el ausentismo, fenómenos que las políticas rurales no conseguirán contener a lo largo del siglo XX, “y menos aún en las últimas tres décadas, después del Tratado de Itaipú, en 1973” (Meliá, 2004: 230). El panorama anterior, aunque breve, nos permite en parte visualizar la situación que históricamente atraviesa el campesinado paraguayo. Como se verá, su “memoria del futuro” (7) actuará de forma decisiva en la conformación social de la migración hacia Buenos Aires como una alternativa para subsistir.

La migración hacia Argentina como alternativa

El recorrido histórico presentado previamente nos permite pensar que, hasta cierto punto, la emigración orientada por motivos laborales es impensable para los paraguayos antes de la Guerra de la Triple Alianza. No parecen haberse configurado aún en el Paraguay previo a la guerra, los motivos estructurales que darían lugar en el futuro a la emigración masiva de personas.

Domingo Rivarola afirmó que, en el período de entreguerras (luego de finalizada la Triple Alianza en 1870 y hasta el comienzo de la Guerra del Chaco en 1932) tuvo lugar un movimiento ininterrumpido de personas que, sin embargo, no afectó esencialmente la distribución y la estructura demográficas. La emigración, afirma, se convierte en un verdadero problema a partir de 1940, y así se mantiene hasta el presente: “no se da un caso similar en América Latina, en el que una nación afronta – en el reducido lapso de veinticinco años – la pérdida de casi un cuarto de su población por conducto de la emigración” (Rivarola, 1967:42). El autor distingue entre distintos “factores condicionantes” que habrían actuado sobre la migración. En primer lugar, señala los factores de índole política, que habrían comenzado a conformarse como tales una vez finalizada la Guerra del Chaco, luego de que Paraguay vence a Bolivia. En este momento, los militares vencedores de la guerra regresan a Asunción y reclaman un lugar en la estructura de gobierno. A partir de entonces, el Estado paraguayo comienza a “militarizarse”, dando lugar a más de cincuenta años de presidencias surgidas de las filas castrenses (8). Se inicia así una estructura estatal de poder autoritario y jerárquico que obliga a miles de opositores al régimen a exilarse buscando asilo en otros países, principalmente, en la Argentina y Brasil, con quienes el Paraguay comparte una “frontera”. Durante el “Stronismo”, esta tendencia habría alcanzado su máxima expresión, cuando la adscripción partidaria se convirtiera en una exigencia de acceso y ascenso en una sociedad políticamente controlada. Según Rivarola, esta tendencia a las migraciones motivadas por factores políticos, parece haber afectado más a los centros urbanos que a la población rural estrictamente hablando. Es por esto que, hasta 1954, puede pensarse que los paraguayos que llegan a Buenos Aires, provienen principalmente de las ciudades (Asunción y Encarnación) y que, en gran medida, los motivos por los que dejan el Paraguay son de naturaleza política.

El segundo factor condicionante que analiza el autor es el económico. Según el Censo Paraguayo de 1962, el 65% de la población del país tiene su asentamiento en áreas rurales (9). Los factores condicionantes de índole económica, a diferencia de los políticos, sí habrían actuado de forma decisiva sobre las poblaciones rurales. Según el autor esto se debe a que, por un lado, casi la totalidad de la población rural ocupa tierras menores a 10 hectáreas (“minifundios”) y, por otro, a que no existen en dichas zonas otras fuentes de actividades económicas. Al mismo tiempo, crónicamente, sólo el 60% de la fuerza de trabajo que depende del sector agrícola es utilizada. De esta forma, afirma el autor, “el nivel de sub-ocupación y desocupación, ya sea periódica o disfrazada, alcanza una significación altamente comprometedora” (Rivarola, 1967: 52). En consonancia con esto, los precios de los productos agrícolas sufren fluctuaciones enormes imposibles de prever y van dando lugar a una “política de retracción”. Por estos años, la emigración hacia la Argentina comienza a dirigirse directamente hacia los núcleos urbanos del país. Se trataría de un contingente distinto al anterior, motivado por condicionantes de índole económica más que política.

A lo anterior, pueden agregarse los factores condicionantes de índole cultural que, aunque Rivarola no considera, según Palau, históricamente habrían definido la elección por la Argentina como destino migratorio. Los paraguayos la habrían preferido por “una cultura e idioma comunes (10) que siempre favorecieron la estrecha relación, la vecindad geográfica, las extensas fronteras comunes junto con la facilidad de intercomunicación tanto por el transporte fluvial como terrestre” (Palau, Fischer y Pérez, 1997:47).

Al poner en común la información ofrecida por los distintos autores, pudimos representar una periodización esquemática de la emigración paraguaya hacia la Argentina, de la cual surgieron las siguientes características resaltantes:

· Durante el primer período (1895-1914), la emigración masiva de paraguayos hacia el país presenta la característica de provenir de una misma zona, por ejemplo, de Itá, Villeta, Capiatá y Guarambaré, todos en la región central del país (Flores Colombino, 1972).

· En el segundo período (1914-1917) puede observarse que la población paraguaya en Argentina prácticamente se duplica, aunque continúa la preferencia de los migrantes por las provincias argentinas que comparten una frontera con Paraguay (Misiones, Formosa y Chaco. También Corrientes, tal vez por los “condicionantes culturales”).

· En relación al tercer período, se observa un gran incremento. Algunos autores lo atribuyen a los sucesos que tuvieron lugar entre 1941 y 1946 a partir de la dictadura del militar Higinio Morínigo. Según Carlos Pastore (1972), esta dictadura habría obligado a 50.000 paraguayos a abandonar su país.

· El mayor porcentaje de emigración a la Argentina se produce durante el cuarto período, entre 1947 y 1960. Al inicio de la década de 1950 se vive en el Paraguay un grave desequilibrio económico producto de la crisis política que desembocaría en el golpe de Estado que lleva a Stroessner al poder en 1954. La terrible persecución política durante estos años, junto con el requisito de la adscripción partidaria para el acceso al trabajo, dan lugar a otra gran “oleada” de emigrantes hacia la Argentina.

· Un dato interesante tiene que ver con que, hasta la década de 1950, la principal emigración de paraguayos no era definitiva o permanente. Es recién a partir de mediados de la década de 1950 cuando este flujo tiende a fijar residencia en el país de destino. Según los datos censales argentinos de 1960, en esa década un 23,7 % del total de paraguayos que viven en nuestro país decidieron adoptar la nacionalidad argentina.

· En 1959, el Gobierno Argentino mediante decreto, autorizó a las empresas vinculadas al desarrollo económico del país, a actuar como “llamantes” de técnicos especializados, dentro de los planes del MOPC (Mano de Obra Precolocada) que permitían el ingreso de profesionales especializados y semiespecializados en la industria y el agro. Estos planes persistieron hasta 1968 (Palau y colaboradores, 1993). A partir de estas circunstancias, el principal refugio de los emigrados paraguayos desde 1960 ya no serán las provincias argentinas, sino el AMBA.

· Durante la década de 1970, la emigración de paraguayos se frena relativamente por efecto de la activación económica debida a Itaipú y al boom del algodón y la soja. Al parecer, durante estos años existe un fuerte flujo de retornantes. (Palau y colaboradores, 1993). No obstante lo anterior, la emigración vuelve a intensificarse desde fines de la primera mitad de la década de 1980 (Palau y colaboradores, 1993).

· Según Hikel y Bahr (1992), a partir de los datos provenientes del Censo paraguayo de 1982 y de CELADE (1989), la tasa de emigración del Paraguay se mantuvo entre un 10% y un 11% durante el período intercensal 1972/1982. Estos datos, sin embargo, omiten la emigración de paraguayos indocumentados que, para los autores, en los principales países limítrofes duplicarían la cantidad de censados. En ese caso, la cantidad de paraguayos residentes en el exterior rondaría el 20%. Una estimación rápida, daría como resultado que la mitad de éstos (10%) residiría en la Argentina. Al mismo tiempo, y de acuerdo a las modificaciones evidenciadas en los últimos años sobre los patrones de residencialidad de los paraguayos en Argentina, podríamos afirmar que cerca del 8% de la población total del Paraguay se encuentra radicada actualmente en el AMBA.

“De destino”: sobre la inmigración de paraguayos en la Argentina

En lo relativo a los estudios del flujo migratorio realizados desde la sociedad de destino, dimos principalmente con aportes provenientes de la Sociología argentina, los que nos ayudaron a comprender los movimientos de personas entre ambos países en base al análisis de los procesos de cambio que sufrieron sus modelos productivos nacionales.

Cerruti y Parrado (2006) afirman que, partir de 1960, habría tenido lugar una coyuntura que implicó, por un lado, la creciente retracción del empleo agrícola paraguayo, y por otro, indicadores de un alto crecimiento económico en Argentina producto del modelo de sustitución de importaciones (1960 -1975), caracterizado éste último, por la escasez relativa de mano de obra. De esta forma, al menos en principio, las condiciones económicas de push & pull podrían explicar el movimiento de personas en busca de mejores salarios. Con anterioridad a 1960, los paraguayos venían incorporándose en la zona del nordeste argentino, principalmente en las tareas de la cosecha estacional de la yerba mate en Misiones y del algodón en Formosa (Balán, 1990), pero también en las oportunidades de empleo agrario en la producción de caña de azúcar, tabaco y té (Cerrutti y Parrado, 2003). Como fue explicitado, a partir de 1960, el AMBA habría ido configurándose como destino privilegiado por los paraguayos, hasta concentrar en la actualidad el 73,3% de los migrantes de ese país presentes en Argentina (INDEC, 2004). Es importante destacar la relevancia que la década de 1990 tuvo en este proceso. En la Argentina, entre 1991 y 2001, el stock de migrantes paraguayos prácticamente se duplicó (INDEC, 2004). Algunos autores lo explican de la siguiente manera: “El factor tipo de cambio junto a las enormes restricciones de los mercados de trabajo paraguayos explican, en parte, el hecho de que a pesar que en la Argentina durante los años noventa el nivel de desempleo abierto alcanzaba un récord histórico, el flujo migratorio no sólo no cesaba sino que continuaba incrementándose” (Cerrutti y Parrado, 2006: 103-104).

Vale destacar que, en la actualidad, los migrantes paraguayos constituyen el grupo más numeroso de extranjeros residentes en la Argentina. Esta comunidad, según las últimas cifras censales disponibles (11), está compuesta por 325.046 personas, representando el 21,2% del total de residentes extranjeros y el 31,2% de americanos residentes en el país. Sin embargo, la importancia numérica de la presencia paraguaya en Argentina (12) se aprecia mejor al ponerla en relación con el tamaño de la población residente en Paraguay. Según lo relevado por dicha fuente (13), residen en Argentina el 6,2% de los paraguayos.

En este punto, se vuelve preciso comenzar a considerar la inserción laboral de los migrantes. Aún cuando no se trata del único ámbito en el que se han insertado, la construcción sí constituye el sector privilegiado por los paraguayos para trabajar. En relación a esto, resulta significativo el hecho de que, mientras cuatro de cada diez paraguayos trabajan en la construcción, sólo uno de cada diez nativos trabajan en la misma industria (Bruno, 2008).

Algunas reflexiones en torno a la dinámica de la adscripción étnica entre los obreros paraguayos en la C.A.B.A.

Terminaremos nuestra exposición considerando el trabajo antropológico que más de cerca ha retratado la presencia de obreros paraguayos en la industria de la construcción de la C.A.B.A. Nos referimos a la investigación realizada por Patricia Vargas (2005) sobre las relaciones interétnicas entre trabajadores bolivianos, paraguayos y argentinos en la construcción. Entre los puntos más destacados de su trabajo, corresponde nombrar las relaciones que Vargas efectúa en torno a la “confianza” como una característica del trabajo que aportan los migrantes, y por la cual serían empleados por los contratistas. La tesis central de la autora es que, la adscripción nacional resulta una vía significativa de expresión de identidad étnica en el rubro de la construcción. De esta forma, la adscripción nacional cobraría un carácter étnico al organizar la interacción entre “paisanos” que comparten un mismo oficio. Es en este sentido que Vargas entiende a la nacionalidad como un recurso, como una cualidad que es positiva o negativamente evaluada, y que se convierte en condición para el acceso al trabajo, justamente, por ser ésta sinónimo de la “confianza” que puede (o no) depositarse en el detentador de esta pertenencia nacional. La autora lo expresa de la siguiente manera: “la adscripción nacional hace posible, como parte del proceso de producción de confianza y de reputación social, el funcionamiento de la industria de la construcción en los términos señalados” (Vargas, 2005: 32). Por “términos señalados”, la autora se refiere a las modalidades de contratación y de prestación de servicios en la construcción, fundamentalmente a las que se desarrollan en “negro”.

Por otro lado, la autora afirma que en la industria de la construcción el trabajo migrante no se limita a ocupar los puestos peor remunerados o más bajos del escalafón laboral. Por el contrario, afirma que lo que se evidencia es un proceso de “segmentación etno-laboral vertical” por el cual los trabajadores migrantes conforman grupos especializados donde ocupan todas las categorías, tanto las vinculadas a las tareas operativas como las vinculadas al mando. De esta forma, para la autora estaríamos frente a un cuadro en el que los migrantes se desempeñan en puestos que van desde ayudantes a oficiales especializados, capataces y contratistas. El rol de la confianza en este proceso, según Vargas, radicaría en que ésta deviene en garantía moral de cumplimiento y de conductas apropiadas por parte del trabajador, “que aumentan no sólo las ganancias sino también el prestigio, y concomitantemente, las oportunidades laborales del contratista y de su grupo de trabajo” (Vargas, 2005: 104).

Son efectivamente más los puntos de vista que compartimos con Patricia Vargas que aquellos en los que diferimos. Sin embargo, por ser de relativa importancia estos últimos, les dedicaremos algunos comentarios. En primer lugar, nuestro abordaje se diferencia del de Vargas al momento de plantear el problema de investigación como un hecho social concreto, que posee una dimensión histórica que debe ser considerada. No queremos con esto decir que Vargas no haya tenido en cuenta este aspecto, en todo caso, lo que afirmamos es que la autora no se posiciona históricamente frente al problema. Este punto de partida, la conduce a plantear la investigación desde una óptica divergente a la nuestra. Por un lado, desde nuestro punto de vista, el trabajo de los migrantes en la industria de la construcción se apoya en algo más que la confianza que los trabajadores del rubro pueden o no otorgarse entre sí. Ligado a esto, la consideración de la dimensión histórica del proceso de inserción de ciertos migrantes en ciertos oficios puede llevarnos a reconsiderar la idea por la cual la adscripción nacional actuaría como un “recurso” en el caso de la construcción. Seguramente, la visión de la autora surge de la inevitable “sincronía” propia del trabajo de campo. Sin embargo, en el caso de los paraguayos en la construcción, la dimensión diacrónica permite ver como algunos condicionantes de su inserción laboral ya se encuentran definidos de antemano, a través de una tradición migratoria presente en los grupos domésticos de origen de los sujetos. Como ya lo expresara Halpern, las formas de clasificar las relaciones sociales están subsumidas en la distribución desigual con que los agentes disputan el poder en cada uno de los campos en los que se desempeñan; por ende, “los lugares que ocupan en cada uno de ellos están, desde el inicio, regulados por las diferentes lógicas de poder que se han construido a lo largo de su historia” (Halpern, 2005:68).

De la misma manera, la evidencia de un rubro donde existen migrantes con cargos de capataces y hasta de contratistas habla más, a nuestro parecer, de una especialización laboral que éstos han ido desarrollando a través de la experiencia histórica del trabajo en la sociedad de destino, que de una posibilidad de movilidad social ascendente efectiva. Coincidimos, sin embargo, en cuanto al hecho de que existen cargos de jerarquía que concretamente son ocupados por migrantes limítrofes en la construcción. Pero, a diferencia de Vargas, no vemos en esta situación una pauta que pueda dar lugar a mejoras en las condiciones concretas de trabajo y de vida de los migrantes en tanto grupo étnico. Los contratistas paraguayos están en situación de explotar tanto el trabajo de sus connacionales como de trabajadores nativos. Como ya desarrolláramos en el marco teórico, existen cuestiones que exceden a una visión de la etnicidad como pauta de identificación, y que en cambio, se vinculan con el hecho de que el trazado de los límites étnicos tiene lugar en una sociedad de clases. Existen oficios más estigmatizados que otros, y en el proceso de trabajo estas diferencias aparecen reflejadas, por más que prefiera pensarse a todos los connacionales como pertenecientes a un mismo grupo étnico.

Existe otro punto, teóricamente más importante, en el cual nuestro enfoque se distingue del de la autora. Al entender a la etnicidad como una característica previa que se adjudica a los sujetos antes de su inserción laboral, se pierde de vista el hecho de que la etnicidad se encuentra en permanente redefinición y que, en gran medida, este proceso repercute sobre el ámbito del trabajo, y sobre la industria como tal. Al igual que en el caso anterior, no queremos decir con esto que la autora no haya considerado la situación. Lo que si pretendemos es mostrar como, el planteamiento de objetivos distintos conlleva dos construcciones distintas del problema. La industria se etniciza a la par que los hombres que trabajan en ella, y este hecho se encuentra gobernado por ciertas relaciones de poder social subyacentes. En este sentido, la demarcación de los límites étnicos puede, de vez en vez, incluir a personas de otras nacionalidades en su círculo (así como excluir a connacionales del mismo). Las relaciones sociales de producción alteran los modos por los cuales se reconfiguran estos límites, de modo divergente en una economía doméstica que en una economía capitalista. De esta forma, la etnicidad no “migra” del mismo modo en que lo hacen las personas. Presuponer determinadas características étnicas impide ver los verdaderos procesos de redefinición de la identidad que pueden estar teniendo lugar en el propio ámbito de trabajo. Al enfatizar en la etnicidad como un “recurso” para el acceso de los sujetos al trabajo, Vargas deja de lado el análisis por el cual la etnicidad se carga de sentido durante el proceso mismo de trabajo. Desde nuestro punto de vista, entonces, la etnicidad está sujeta a una experiencia migratoria amplia, que no sólo se relaciona con la experiencia laboral de los migrantes. En este sentido, las historias de vida de los obreros son también las historias de su participación en la definición de la nacionalidad paraguaya en la C.A.B.A, y como tales, deben ser reconstruidas. La pregunta apuntaría, en nuestros términos, a los modos por los cuales una etnicidad históricamente se proletariza de forma subordinada a otra, dando lugar a las vulnerabilidades sociales que experimentan hoy los migrantes. La respuesta a esta pregunta implica necesariamente la introducción de una mirada histórica en el trabajo de campo antropológico.

del águila - obreros de la construcción 3

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Notas

1. Para un desarrollo más profundo de las particularidades del acceso al campo durante la investigación, ver Álvaro Del Águila, Migrantes paraguayos en la industria de la construcción de la Ciudad de Buenos Aires: un caso de proletarización étnica. Ponencia presentada en las V Jornadas de Investigación en Antropología Social, Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. 19 – 21de noviembre de 2008.

2. El autor del artículo es Técnico Superior en Seguridad y Salud Laboral (Matrícula Nacional  T – 00389)

3. Persiste en la actualidad un importante debate historiográfico respecto del desarrollo industrial del Paraguay por esos años.  Entre otros, Francisco Doratioto sostiene que tal desarrollo no existió en los términos en los que comúnmente se lo representa (Doratioto, 2007).

4. Paraguay no tiene, durante estos años, ni deuda externa ni inversiones extranjeras en su territorio.

5. Chiavenato (2008) maneja cifras más trágicas. Afirma que en la Guerra de la Triple Alianza murió el 99,5 % de los hombres adultos paraguayos.

6. El movimiento de ocupación de tierras comienza por estos años a convertirse en una de las pocas alternativas del pueblo paraguayo para acceder a la subsistencia. Sin embargo, la ocupación atenta contra la propiedad privada, y en este sentido es considerada “ilegal”. Puede percibirse hasta qué punto la estructura latifundista aún domina en el Paraguay, observando lo corrientes que son las ocupaciones de tierra. Ver por ejemplo: http://www.abc.com.py/2009-03-12/articulos/503264/fnc-anuncia-ocupacion-de-tierras-desde-manana (accesado el día 10/05/09)

7. Bartomeu Meliá acuñó hace varios años esta expresión para referirse al modo particular de concebir el tiempo que tienen los campesinos. El autor afirma que la base de esta concepción se relaciona con el hecho de transitar el ciclo agrícola (devenido en ciclo social, histórico y político) de modo circular, a partir de la repetitividad de las tareas asociadas al mismo.

8. En 1936, la revolución encumbra al Coronel Franco, vencedor del Chaco. A este le sigue el General Morínigo. La guerra civil de 1947 divide al país en dos bandos irreductibles, culminando con el ascenso al poder en 1954 de quien sería el máximo dictador del Paraguay, el general Stroessner (De Laino, 1993).

9. Sin embargo, la proporción de asentamiento rural es mayor, ya que, el censo habría considerado como “población urbana” a los centros poblados que eran cabeceras de departamentos (nombre que se da a las provincias paraguayas) o distritos (barrios), sin tener en cuenta el volumen demográfico de los mismos. (Rivarola, 1967: 49)

10. Sin embargo, esta afirmación debe ser complejizada. Puede pensarse que para los migrantes que llegan a  Buenos Aires hasta 1954, el idioma efectivamente constituye una característica positiva. Recordemos que, la mayor parte de estos migrantes dejan el Paraguay fundamentalmente motivados por factores de índole política. Al mismo tiempo, se trata de paraguayos provenientes de los principales centros urbanos del Paraguay. En oposición a esto, los flujos migratorios posteriores a 1954 aglutinan a personas provenientes de las zonas rurales del país, fundamentalmente guaraní parlantes y, en algunos casos bilingües. Estos migrantes no buscan asilo político en la Argentina sino una mejora en su nivel de vida.

11. Nos referimos a los datos de INDEC 2004.

12. Es importante volver a poner en consideración el hecho de que, en las cifras oficiales, los migrantes limítrofes están subrepresentados. Según otras estimaciones, el total de migrantes (documentados e indocumentados) al menos doblaría en número a dicha cifra.

13. Recordemos que otras estimaciones hablan de un 10 % de población del Paraguay en Argentina.

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One Response to “Algunas dimensiones de la inserción laboral de migrantes paraguayos en la industria de la construcción de la Ciudad de Buenos Aires”

  1. 1 ivonne lugo

    Muchas gracias por disponer sus trabajos para abrirnos la cabeza.

    Saludos cordiales,

    Ivonne


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