El “tupanoi” a los padrinos y su consecuencia en la vida sexual

04Abr09
Juego de manos (Fotografía: Joseph)

Juego de manos (Fotografía: Joseph)

Por Wilma Mancuello G. (wilmancuello@gmail.com)

1. Introducción

Bajo la orientación de Lévi-Strauss en este escrito quisiéramos llegar a la estructura simbólica subyacente al parentesco ritual vivido en una zona rural del Paraguay. Tras el conocimiento del trabajo de nuestra compañera Raquel Zalazar (1) nos proponemos a indagar dos aspectos sumamente llamativos del parentesco ritual tal como es vivido en los ámbitos rurales del país, en concreto en “San Pedro” (2). Pues sospechamos la existencia de una realidad contraria a la afirmación de lo sostenido frecuentemente de en todas partes de Latinoamérica, los vínculos entre compadres son más fuertes que entre ahijado y padrino. Pensamos que es una visión funcionalista y el caso que estudiamos nos ofrece una perspectiva diferente.

Las expresiones que vamos a estudiar son el “tupanói” (pedir la bendición), que viene a ser la expresión más sagrada de este parentesco ritual y la prohibición de casarse los padrinos-madrinas con sus ahijados; y entre los hermanos espirituales. Porque “ser padrino o madrina en la campaña es una cosa seria, pues con ello se adquieren posibles obligaciones para con el ahijado y, en caso de necesidad hasta hacen las veces de los padres: corren con la educación del ahijado, procurarle trabajo, vestirle si es necesario, etc.” (D. M. González Torres, 1992: 308).

Nos hemos percatado que el estudio del compadrazgo ha sido ampliamente tratado en numerosas monografías, ya sea en revistas, libros y en sitios de la red… Pero un estudio sobre el gesto del tupanói y su consecuencia en terreno sexual es más que escaso. Por eso, en base a nuestro propio conocimiento del fenómeno, la literatura leída acompañado de entrevistas y observaciones recientes nos disponemos a abordar estos dos detalles.

En un primer momento, ofrecemos someramente una visión panorámica del tema, de corte histórico acompañado de datos canónicos (3); luego pasamos a centrarnos en el caso de un pueblo rural paraguayo para después aventurar algunas conclusiones de carácter provisorio. Adoptamos frecuentemente la terminología de “compadrinazgo” pues nos parece que es un vocablo más holístico que el simple compadrazgo (cf. M. Mendoza Ontiveros: 2004, 3).

2. A la escucha de la historia

Parece que la díada padrino/madrina versus ahijado es de origen español; mientras que la díada compadre/comadre es lo específicamente latinoamericano (Cfr. M. Mendoza Ontiveros, 2001: 3). A nosotros no nos interesa buscar lo específico de cada aspecto sino más bien el significado antropológico de la relación madrina-ahijad@ o bien padrino – ahijad@.

La prohibición del matrimonio entre parientes espirituales tanto en la dimensión vertical como horizontal (padrinos-madrinas con ahijad@s y entre hermanos espirituales) tiene un origen histórico un tanto remoto. No encontramos huellas del tema en los escritos neotestamentarios sino en la influencia del emperador bizantino Justiniano en la tradición cristiana (gobernó entre 527-565 d. C). Éste fue quien promulgó por primera vez un decreto prohibiendo el matrimonio entre parientes espirituales (Cfr. S. W. Mintz y E. R. Wolf, 1995: 375). Y en el Concilio de Metz en 888 d. C. se extendió el incesto, biológico y ritual a siete grados de relaciones; y la separación del bautismo y la confirmación, hasta ese entonces unidos en un solo rito, cada uno con sus respectivos padrinos. (Cfr. Íbid: 375-376) (4).

Entre todos los rituales de padrinazgo, los que generan redes de compadrinazgo los del bautismo y la confirmación (5). En estos rituales de paso, se le unge (la crismación). En efecto, el término griego “cristos” significa ungido. Esta marcación simbólica hecha en la frente o en la cabeza (expresando el nombre del nuevo ser), abre las puertas al niño o al joven para que forme parte de la comunidad cristiana e instaura un nuevo parentesco, aparte de la entablada con la iglesia, con los padrinos que se convierten en nuevos familiares (6). Ha nacido a una nueva relación, tiene nueva vida, la vida en el espíritu de Jesús. Una de las expresiones más sagradas que unirá a ese grupo de personas que participan del acto sacramental es el tupanói. Hipotetizamos que para comprender la estructura subyacente a este rito podría ser el elemento vida (7). En la mentalidad popular, los padrinos pertenecen al grupo de personas a quienes se les rinden un culto especial, gozan de una sacralidad particular (Cfr. M. C. Pedrozo, 2003: 152).

La sacralidad que impregna a la relación del padrinazgo y compadrazgo se deriva de dichos actos sacramentales en que se funda y cuenta con el reconocimiento de la Ley Canónica, lo cual les confiere validez. Por tanto, el compadrinazgo constituye una característica ritual católica como una práctica social muy difundida en sociedades preponderantemente católicas (J. Steward, 1954: xiii). Según el actual Código de Derecho Canónico en sus números 872-875 relativo al bautismo y los números 892-893 referente a la confirmación, los padrinos:

– Deben existir en la medida de lo posible, es decir, no son imprescindibles. La función de los mismos, es la de asistir en la iniciación cristiana al bautizand@ o confirmando. En el momento del rito les corresponde presentar al niñ@ para recibir el bautismo (872) o ser testigos de la profesión de fe del confirmando.

– Debe ser un padrino o una madrina por cada bautizando o confirmando o bien uno de cada sexo (873). 

-Deben ser elegido por los padres, o por el párroco; haber cumplido la mayoría de edad canónica (16 años); haber recibido los sacramentos de la iniciación cristiana y gozar de buena reputación de vida creyente (874).

-Para los confirmandos aconseja que elijan al mism@ del bautismo. Deben aconsejar a los ahijados en el camino de la vida cristiana (892-893). Generalmente en el caso de la Confirmación lo eligen los mismos jóvenes con alguna salvedad.

Como bien podemos apreciar el Código actual (promulgado por Juan Pablo II en el año 1983) no contempla ninguna consecuencia prohibitiva en la relación posterior entre los ahijad@s y padrinos/ madrinas como tampoco la obligatoriedad de pedir la bendición. Si acudimos a los cánones acerca del matrimonio, solamente se mencionan los impedimentos en la línea de consanguinidad (c. 1055-1165). Y ni siquiera las disposiciones de la Arquidiócesis de Asunción que son extensibles a todas las diócesis que conforman la Conferencia Episcopal Paraguaya mencionan dichas prohibiciones ni la obligatoriedad de la bendición. Pero con frecuencia, los ministros que ofician la celebración de los sacramentos del Bautismo y la Confirmación explican y aconsejan a los nuevos confirmandos o a los padres de los bautizados el valor  sagrado de pedir la bendición a los padrinos/madrinas. Por tanto, nos encontramos ante una tradición cultural de carácter oral.

3. El tupanói en un pueblo rural

Hemos visto la ausencia de la prohibición de matrimonio entre parientes espirituales a nivel canónico como también la ausencia de la obligatoriedad de “honrar a los padrinos/madrinas” con la bendición. Pero en la boca y en el actuar de los habitantes de San Pedro estos detalles adquieren carácter de “canonicidad”.

Con el “tupanói” (pedir la bendición”) y el “jehovasa” (dar la bendición) nos encontramos ante la expresión máxima de respeto tributada solamente a los parientes que tienen autoridad sobre uno mismo, como son los padres, las madres, los ti@s y sus conjugues, los abuel@s y a las parteras… También existe la costumbre muy apreciada de pedir la bendición a los suegr@s y la obligatoriedad de dirigírseles con el apelativo de “mamá; papá” (8).

 A nivel espiritual se extiende a los padrinos; a los padres de los mismos que son los “paíno guasu, maína guasu” (Cfr. E. R. Service – H. S. Servie, 1954: 177); el marido o la esposa del padrino/madrina si en el momento de acontecimiento estaba solter@ como también a los ministros de la Iglesia, pues éstos “siempre presencian el nacimiento espiritual del cristiano”, asegura una de las informantes (9). Nos consta que en algunas comunidades cristianas también se les pide la bendición a las religiosas; personalmente nunca hemos recibido ni visto tal solicitud. Tal vez por la edad o bien por no vestir hábito religioso…

Todas las personas entrevistadas al ser interrogadas del por qué no piden la bendición a sus herman@s, prim@s y cuñad@s manifiestan cara de sorpresa, de sonrisa, una leve picardía y rápidamente responden: “no corresponde”, “en el caso de que te obliguen a hacer es un acto de burla o de castigo”. Pensamos porque carecen de autoridad en línea generativa sobre uno mismo.

El rito de pedir la bendición consiste en ponerse firme, juntar las manos mirando fijamente en el rostro de la madrina o del padrino y decir: “la bendición, madrina” o “la bendición padrino” (10). Éste debe responder con la mano derecha media alzada y moviéndola en forma de cruz, invoca el nombre de la Trinidad “Padre, Hijo y Espíritu Santo” o bien diciendo solamente “Dios te bendiga”. Después se da el abrazo o se pasa la mano, pero no el orden inverso. Antes del “tupanói” y  su correlativo “jehovasa” (bendecir) no se da ningún otro saludo. Por tanto, nos encontramos ante un rito.

Interrogado sobre el significado del rito, tres de los informantes responden: (11) “su nombre mismo lo dice: “ehenói Tupa”, “Tupa renói”,  es decir, el ruego o mandato de “invoca, llama a Dios” dirigido al padrino/madrina que tiene la obligación de hacerlo. En el caso negativo es signo de ruptura de la relación entre ambas partes. Por consiguiente este gesto nos coloca ante un parentesco cuya máxima expresión es la detonante o la clave interpretativa de la relación.

Este saludo se hace una vez al día –excepto el día de Viernes Santo-  en el momento en que el ahijado se encuentra con la madrina. Así mismo si el ahijado vive en la casa de los padrinos le deben pedir la bendición al levantarse de la cama y antes de ir a dormir, así como se hace con los padres, abuelos, tíos…

Especial relevancia adquiere el día de Pascua de Resurrección en la relación con los padrinos. El ahijado debe madrugar para ir a pedir la bendición de sus padrinos, procurando ser el primero en recibir la bendición de los mismos a fin de ganar “curuzu de oro” (la cruz de oro) (12) que durante ese año le colmará de todas las bendiciones. Este saludo casi siempre va acompañado de un presente que los padrinos están “obligados” a devolverlo –intercambio de bienes, diría Lévi Strauss-.

Personalmente recuerdo que cuando era niña me pasaba la noche en vela el “sábado de gloria” o “vigilia pascual” para poder pedir la bendición a mis padres y luego correr a saludar a mis padrinos. Según la tradición popular en este día los padrinos están habitados de especial gracia para repartir bendiciones y regalar. Así mismo si uno ha trasgredido algunas reglas de comportamientos durante la cuaresma, los padrinos podrían darle lo merecido en ese día antes de entregarle el regalo preparado. Según los informantes, se trata simplemente de una prerrogativa porque si llegan a hacerlo significa que uno ha sobrepasado excesivamente las pautas del comportamiento, pues, por lo general para el imaginario popular difícilmente un padrino, una madrina puede regañarte o llegar a castigarte físicamente.

Como podemos ver, los padrinos/madrinas toman la figura paterna, materna en esta relación, pero una figura simpática de mucho aprecio. Generalmente les hablan a sus ahijados con la invocación de “che memby”, “che ra’y”, “che rajy”, es decir, mi hij@. Por tanto, este parentesco ritual es bajo la categoría de vida, haber participado en la generación del individuo que le convierte a uno en padre, madre y con la terminación diminutivo de ino/ina (“padrecito”, “madrecita”, detonante cariñoso) y en a-hijado. En efecto, el elemento de cohesión que encontramos en esta relación de parentesco tiene que ver con el nacimiento a la vida y el caso que nos ocupa, nacimiento espiritual, nueva vida según la fe.

4. La consecuencia sexual del parentesco ritual

Señalamos en primer lugar, la diversidad de modelos de compadrinazgo en el espacio y en el tiempo. Las reglas que rigen esta institución, su función, su forma, pueden llegar a discrepar considerablemente de unas áreas a otras, incluso en el mismo territorio de una época a otra, dependiendo del contexto en que se vea inmerso el grupo humano que lo practica y de sus características internas. Por ejemplo, en muchos contextos urbanos no se considera como incesto el matrimonio entre hermanos espirituales; mientras que en la mayoría de los contextos rurales, indagados de manera puntual por medio de los informantes, se lo considera. En cambio, en relación a un matrimonio entre ahijados y padrinos aunque la ley Canónica no lo prohíba, todas las personas consultadas muestran un rechazo (13).

Este parentesco ficticio (P. Shipton, 2000: 398) originado en el mundo espiritual tiene su repercusión en el mundo corporal en su dimensión sexual. Por consiguiente, estamos lejos de la antropología platónica que separa las categorías cuerpo y alma-espíritu como compartimentos autónomos pertenecientes a dos mundos diferentes carentes de relación y que a su vez representan el polo negativo y el polo positivo del origen y destino antropológico.

En concreto, en la mentalidad de mucha gente del pueblo de “San Pedro”, el hecho de ser uno familiar de una persona o grupo de persona a nivel espiritual por el bautismo y la confirmación trae consigo la prohibición de relaciones sexuales, de matrimonio. Una vertical, que llamamos severa y otra horizontal, denominamos laxa (14).

Bien sabido es que la Antropología proporciona instrumentos de análisis para criticar el mundo real de los hechos y el discurso de lo ideal. G. M. Foster fue el primero en distinguir entre el discurso normativo e ideal con el que el grupo describe la institución y el comportamiento real al que induce. Desde esta perspectiva observamos la diferencia existente entre el discurso ideal que el grupo genera sobre su sistema de padrinazgo y la conducta real en el terreno sexual al que éste da lugar.

Pues, tenemos conocimiento de tres matrimonios de hermanos espirituales (15). El alumbramiento de la relación fue virulento, pues según la perspectiva de la gente constituía un verdadero escándalo, la vergüenza del pueblo. Pero, estas calificaciones se sitúan en el momento del hecho, actualmente tales personas gozan de un relativo respecto dentro del pueblo aunque no son dignos de padrinazgo. En la expresión de los entrevistados: “no valéi hikuái paínora” (no sirven para padrinos). Nos ubicamos dentro de una normativa laxa, aunque en la perspectiva popular no responden al discurso ideal de matrimonio, pero,  son aceptados.

Sin embargo, la memoria popular no tiene registrada ningún caso de matrimonio entre padrino-ahijada y madrina –ahijado ni consta en los expedientes parroquiales. Para nuestros entrevistados esa relación pertenece a una categoría de mayor prohibitividad. Pues, sería como casarse con el propio hij@, o bien hijo con uno de sus progenitores. Y en boca de los informantes “eso, realmente pertenece al mundo de los animales”. Sin leer a Lévi-Strauss llegan a las mismas conclusiones y extendidas al parentesco ficticio!

En el proceso de nuestra investigación, nos hemos encontrado con un hecho llamativo. En la Parroquia está prohibido que los jóvenes busquen para sus padrinos del sexo opuesto con el fin de “evitar cualquier tentación” que pueda conducir a cometer un incesto de tal género. Así mismo, los discursos religiosos de carácter formativo que se dan a los padrinos como preparación a los sacramentos se “les deja bien claro que deben cuidar de sus ahijados y darles buen ejemplo de vida moral, pues son sus segundos padres”. Observamos que en este pueblo la práctica del parentesco ritual derivado de la confirmación tiene tanta fuerza como el del bautismo, exactamente lo contrario de los afirmado por los Service, “la relación es normalmente transitoria y de poca importancia”  (Cfr. H. R. Service – H. S. Service, 1954: 174)

De este modo, por una parte tenemos elementos e intervenciones de la religión en el cultivo de este parentesco, pero al mismo tiempo observamos que el manejo del tema traspasa este ámbito, pues si tenemos en cuenta la Ley canónica sabemos que no entra en estos detalles. Encontramos una mezcla entre motivos religiosos católicos con invenciones populares de carácter conductual.

Se puede notar que en este pueblo las vinculaciones de amistad y de parentesco son notablemente fuertes, son lazos que unen de una manera muy duradera y fiel a las personas, por lo menos, a nivel del imaginario popular. Observamos que aunque de origen colonial, el compadrinazgo es un sistema generador de relaciones extradomésticas que arraigó con éxito en este estrato de la sociedad paraguaya. Llegar a generalizar y elevar a teorías antropológicas se halla fuera de nuestra frontera de posibilidades, por lo menos, en este momento.

Sabemos por historia que durante siglos, los campesinos han establecido o fortalecido relaciones de parentesco entre ellos a través de los padrinazgos. Igualmente, las oligarquías locales/regionales y la capitalina utilizaron el sistema para crear y mantener uniones políticas, inclusive en la actualidad sirve para consolidar lazos clientelistas entre individuos de diferente nivel socio-económico o partidario.

Del nivel que acabamos de señalar investigaron de manera minuciosa S. W. Mintz – E. R. Wolf (1950) pues diferencian entre compadrazgo horizontal, el que se da entre miembros de una misma clase social, y vertical, que se establece entre individuos de distintos estatus. El que para establecer lazos de compadrazgo los campesinos prefieran a vecinos con un mayor nivel económico y social que el propio, lo hemos podido observar a lo largo de nuestra investigación. Los maestros, en su gran mayoría figuran en la lista de los candidatos preferidos al padrinazgo, que inclusive deben recibir la solicitud de la bendición cotidianamente de sus alumnos ahijados…

5. Concluyendo

El parentesco que hemos estudiado parentesco tiene su origen en los sacramentos católicos del bautismo y la confirmación (16). Nos ha interesado utilizar esta indagación como un recurso explorativo en búsqueda de la clave interpretativa de unos fenómenos empíricos que goza de un notable respecto entre la mayoría de los habitantes del campo en el Paraguay. Reconocemos que el padrinazgo se trata de una institución no privativa de América Latina, pero es aquí donde se encuentra su máxima expresión.

De manera provisoria aventuramos que podemos afirmar la existencia de un parentesco ritual bastante fuerte en el ambiente estudiado. Algunas de los rasgos de esta relación podemos encontrar en gran parte de la población rural del Paraguay. De modo menos expresivo exteriormente se puede hallar en zonas urbanas.

El rito del “tupanói” a los padrinos es practicado en bastantes familias urbanas y la consideración del incesto al matrimonio entre ahijado y padrino/madrina es más bien generalizada. Es decir, ante los rituales del sacramento del Bautismo y la Confirmación, en este pueblo, nos encontramos ante unas verdaderas instituciones que son generadoras de parentesco ritual con consecuencias normativas que se insertan en la conducta sexual de las personas. En resumen, consideramos que el rito del “tupanói” instaura, expresa y refuerza la prohibición de relaciones sexuales entre parientes espirituales pues es expresión de la paternidad o maternidad conferida en los rituales del bautismo y la confirmación.

Notas

1. El estudio de nuestra compañera se centra en la perspectiva urbana aunque hace alusiones a la experiencia rural con el sustrato rural de los informantes bajo el título: “El parentesco ritual: el compadrazgo en Paraguay”.
2. Es un nombre ficticio. Los datos que podemos ofrecer son los siguientes: es un pueblo ubicado a 242 kilómetros de Asunción. Se accede al distrito por un camino totalmente de tierra que parte de la ciudad misma del 5to departamento. Fue fundado en 1746. Antiguamente sus habitantes se dedicaban a la explotación de la yerba mate. La población asciende actualmente a uno 14.930 habitantes.
3. El mencionado ensayo de Raquel Zalazar contiene un excelente resumen del tema.
4.   La separación actual de ambos sacramentos e dos ritos obedece a intereses pastorales, es decir, el acompañamiento de los adolescentes en la confirmación de su fe recibida en el bautismo. En la Iglesia Ortodoxa Oriental se mantiene hasta en la actualidad la unidad de los tres sacramentos de la iniciación a la vida cristiana como son el bautismo, la confirmación y la eucaristía
5. Algunos sostienen que únicamente el bautismo es que genera este tipo de relación (Cfr. Sidney W. Mintz – Eric R. Wolf. 1995. “Análisis del Parentesco ritual (Compadrazgo)” En: Marco Rueda – Segundo E. Moreno Yañez, Cosmos, Hombre y Sacralidad. Lecturas dirigidas de Antropología Religiosa. Quito: Ediciones Abya-Yala, 1995, 371-411;  Elman R. y Helene S. Service, Tobatí: Paraguayan Town. Chicago: The University of Chicago Press 1954, 175
6. Las mujeres que ayudan a nacer a los niños, se les denomina “parteras” y son tratadas también como comadres y los niños les piden la bendición. No obstante, se trata de una relación menos estrecha que la de los padrinazgos.
7. Este aspecto será tratado en posteriores páginas.
8. Cuenta una de las informantes, “la señora NN es muy apreciada por sus suegros, pero no es la preferida porque no les pide la bendición ni les llama papá, mamá …”
9. En el caso de los sacerdotes el rol se invierte. Los propios progenitores, tíos, tías… le piden la bendición pues éste se ubica en el terreno de un nacimiento mayor, cual es la vida espiritual, según la voz de unas de las informantes.
10. En guaraní popular: “laandició maína” “laandició paíno”
11. Los otros contestaron: “significa respecto, reverencia, aprecio”.
12. La cruz de oro, es decir, la cruz resplandeciente, brillante…Sospechamos que se trata de la cruz resucitada, o mejor dicho, de la cruz del resucitado.
13. Se nos ha informado el caso de un religioso que al dejar la congregación contrajo nupcias con una ahijada  suya hace dos años. Para el informante, fue un doble escándalo y símbolo de su falta de humanidad, “se rebajó al nivel de lo animal”.
14. Son denominaciones inventadas nuestras, pero manera simplemente explorativa. Necesitaríamos de una mayor profundización para llegar a conclusiones más firmes.
15. Guardamos secreto en la identificación de tales parejas.
16. El caso del matrimonio tiene una influencia diferente y se mueve en otros parámetros de comportamiento.

Entrevistas

ANA SANTACRUZ, casada y madre de 5 hijos, pobladora del pueblo desde siempre (50 años)
JUAN GÓMEZ, soltero, estudiante de 2º curso de la Media, nacido y criado en el pueblo (17 años)
JOAQUÍN TORRES, casado y padre de 6 hijos, natural del pueblo (47 años)
EUGENIA BARRIOS, casada y madre de 4 hijos, natural del pueblo (38 años)

Bibliografía

AA.VV., La religiosidad popular paraguaya. Aproximación a los valores del pueblo, Asunción: ediciones Loyola, 1981.
T. Barfield (ed.), Diccionario de Antropología, México: Siglo XXi editores, 2000.
CODIGO DE DERECHO CANONICO. Edición bilingüe, Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1988.
Arquidiócesis Nuestra Señora de la Santísima Asunción,  Pastoral de los Sacramentos. Normas y orientaciones, Asunción: imprenta salesiana, 1985.
J. Gascón, “Compadrazgo y cambio en el Altiplano peruano”. En: Revista Española de Antropología Aplicada. Vol. 35, 1995; 191 – 206. En www.revistas.ucm.es
D. González Torres, Folklore del Paraguay, Asunción: editora litocolor, 1985.
C. Lévi-Strauss, Las estructuras elementales del parentesco. Vol I.II, Barcelona: Planeta 1993.
M. Mendoza Ontiveros, “Análisis estructural del compadrazgo yaqui”, en Ciencia Ergo Sum, Vol 10. N\ 003, Universidad Autónoma del Estado de Méjico: 2004. 259-269.
Sidney W. Mintz – Eric R. Wolf. 1995. “Análisis del Parentesco ritual (Compadrazgo)”, En: M. Rueda – S. E. Moreno Yañez, Cosmos, Hombre y Sacralidad. Lecturas dirigidas de Antropología Religiosa. Quito: Ediciones Abya-Yala, 1995, 371-411.
M. C. Pedrozo, La religiosidad popular paraguaya y la identidad nacional, Asunción: imprenta salesianito,  2003.
E. R. – H. S. Service, Tobatí: Paraguayan Town. Chicago: The University of Chicago Press 1954.
J. Steward, “Foreword”, En: Service, Elman R. y Helene S. Service. Tobatí: Paraguayan Town. Chicago. The University of Chicago Press, 1954, v – xvi.

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3 Responses to “El “tupanoi” a los padrinos y su consecuencia en la vida sexual”

  1. 1 luis barboza

    realmente es un abordaje original y pionero..tengo dos preguntas:
    ¿la investigadora forma parte de alguna congregación u orden religiosa? y
    ¿carece de legitimidad nombrar expresamente a la ciudad en la que se realizó la investiagación?

    • 2 wilma mancuello

      Estimado Luis,

      Gracias por tu apreciación del ensayo.

      A la primera pregunta te respondo afirmativamente. Formo parte de una congregación religiosa desde hace más 15 años.
      En cuanto a la segunda pregunta te digo que he preferido mantener velado el nombre del pueblo donde realicé la investigación porque en ese momento no tenía intención de colocar en la red los resultados del estudio sino simplemente elaborar un ensayo como trabajo final de la asignatura “Parentesco” a cargo de los profesores Levi Pereira Marques y Jorge Eremites de Oliveira en el marco de la maestría de Antropología Social de la Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción” (noviembre, 2007). Y por tanto, aunque sea legítimo (“legal) desvelar el nombre de dicha población no me parece ético no habiéndolo consensuado de antemano con los pobladores de tal ciudad. Poco a poco iré aprendiendo a manejar mejor este asunto, pues de hecho soy “novata” en este campo. Gracias.

  2. 3 Rosanna Vera

    realmente que hermoso tema para ser abordado, bastante completa la información !!


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