El parentesco ritual: el compadrazgo en el Paraguay

28Mar09
Cabezas-alcancías en cerámica (Marcos Benítez)

Cabezas-alcancías en cerámica (Marcos Benítez)

Por Raquel Zalazar (museobarbero@museobarbero.org.py)

Introducción

El presente trabajo trata sobre el parentesco ritual visto en la institución del compadrazgo, institución establecida a partir del bautismo católico, ampliamente difundida en América Latina con la conquista española y bastante desarrollada en algunos países como México o Perú. En el Paraguay posee las mismas características que en otros países. 

En este ensayo se describirán las relaciones que se establecen con el compadrazgo, a partir de investigación bibliográfica, sumado a algunas entrevistas y a observaciones y experiencias propias a lo largo de los años.

Las relaciones de parentesco ritual.

Las relaciones de parentesco ritual se establecen a partir del rito del bautismo católico. Se establecen tres tipos de relaciones: entre el iniciado o ahijado y su padrino, entre el iniciado y sus padres y entre los padres y padrinos (Cfr. MINTZ Y WOLF, 1995: 371-372; STEWARD, 1954: xiii), estos últimos se llaman entre sí compadres, copadres (MINTZ Y WOLF, 1995: 371-372). El compadrazgo es visto como algo muy serio, pues los compadres se convierten en parientes y las relaciones sexuales entre ellos están prohibidas por considerarse incesto.

El compadrazgo constituye una característica ritual católica, así como una práctica social muy difundida en sociedades preponderantemente católicas (STEWARD, 1954: xiii). Este rito tiene tres componentes: a) el padrino es el testigo que certifica la buena fe del solicitante, b) con el bautismo se produce un renacimiento espiritual, debido a que se borra el pecado original y se nace a la nueva vida cristiana católica y c) se produce un parentesco ritual derivado del padrinazgo, estableciéndose las tres relaciones comentadas arriba (MINTZ Y WOLF, 1995: 374).

La Iglesia, a lo largo de la historia, ha dictado varias disposiciones con respecto al rito bautismal y a las relaciones derivadas de él. Por ejemplo, la iglesia oriental en la figura de Justiniano decretó la prohibición del matrimonio entre parientes espirituales; entre los años 585 a 595 d. C. aparecieron los términos compater y commater en la iglesia occidental romana. El concilio de Munich decretó en el año 813 d. C. la prohibición de que los padres fueran padrinos de los niños, costumbre bastante común en ese tiempo. Por su parte el Concilio de Metz en 888 d. C. extendió el incesto, tanto biológico como ritual a siete grados de relaciones y en el siglo VIII se separaron el bautismo y la confirmación, hasta ese entonces unidos en un solo rito, cada uno con sus respectivos padrinos. (IBÍDEM: 375-376).

El compadrazgo y las relaciones establecidas con él fueron transformándose y adaptándose, así cuando la tenencia de la tierra se incrementó en unidades domésticas individuales, estas relaciones se volvieron verticales. Entonces la gente de menos recursos económicos empezó a buscar padrinos con más recursos, buscando obtener beneficios materiales. (MINTZ y WOLF, 1995: 380).

Varios privilegios se originaban con estas redes de parentesco ritual, por ejemplo los compadres servían de testigos en procedimientos judiciales, tenían el derecho de defender a su compadre en la corte y actuar como su testigo. También eran los padrinos, jornaleros o caballeros, quienes iniciaban a sus ahijados en sus oficios (IBÍDEM: 386).

El compadrazgo estaba extendido por toda Europa, sin embargo con el desarrollo del capitalismo industrial, el surgimiento de la clase media y la desaparición del sistema feudal, fue desapareciendo, sólo permaneció en España, Italia y los Balcanes. Con el descubrimiento del nuevo continente, estas formas de parentesco ritual fueron trasladadas desde Europa a la América colonial (IBÍDEM: 386).

En América, el bautismo era utilizado por los religiosos para convertir a los indios infieles. Se los bautizaba en la fe católica y servían de padrinos los mismos conquistadores, quienes debían velar para que su ahijado, no cayera y no se desviara de su nueva fe.

Sin embargo este rito, según algunos autores, se adaptó a formas ceremoniales prehispánicas, ya existían instituciones semejantes que el compadrazgo suplantó o complementó (GASCÓN, 2005: 193).

Entonces en la América Colonial, el compadrazgo se concibió originalmente para establecer relaciones verticales entre conquistadores e indios infieles, pero más allá de esto, sirvió para crear lazos de parentesco entre ellos (GASCÓN, 2005: 193). Más tarde, la gente se adueñó de la institución y le dio una utilidad secular, se establecieron nuevas relaciones, entre compadres, que pasó a ser más fuerte que entre padrino y ahijado (MINTZ Y WOLF, 1995: 389).

El Paraguay no estuvo exento, las relaciones de parentesco ritual también se desarrollaron, aunque no en el grado de otros países latinoamericanos. Según los Service (1954: 284), en el Paraguay es una institución puramente Católica Romana, pareciéndose más a la versión del sur brasileño, sin influencias aborígenes.

El compadrazgo en el Paraguay

Debemos recordar que en Paraguay la sociedad siempre fue considerada como patrilineal pero con algunas estructuras sociales matrilineales (GODOY, 1987: 133). Domínguez (1966: 156) asevera que las familias campesinas son patriarcales, se centran en la figura de un gran padre, pero también afirma que en las familias formadas en su mayoría por hijas mujeres, que él llama poliándricas, se encuentran características típicas de familias matrilineales, que añadido a la propiedad de una tierra se transforman en matriarcales. En muchos casos, las mujeres fueron las que crearon sus propios linajes, ya desde la época colonial, pues con la llegada de los españoles y la entrega de las mujeres guaraní a estos, se inició una forma peculiar de familia y parentesco, una mujer poseía hijos de varios hombres, los cuales podían estar reconocidos o no por el padre, convirtiéndose ella en la figura central del linaje, estableciendo relaciones horizontales más que verticales. (GODOY, 1987: 136).

Otra característica particular de la sociedad paraguaya colonial era la situación de las mujeres solas, sin maridos o con estos de viajes, ya sea por changas, por ser yerbateros, etc. Según Susnik (1975: 166-167):

Esta situaciones no circunstanciaban solamente un relajamiento moral – ante un control de la Iglesia ineficaz o pasivo -, sino una nueva pauta de conducta basada en el concepto de simple paternidad biológico y no de responsable paternidad socioeconómica, debiendo las madres o sus parientes o los compadres ocuparse de la crianza de los hijos; al lado de la “doña” dentro de “oreva” familiar establecido, surgía la “kuña” con la característica maternidad socioeconómica”.
 
De ahí que, sobre todo en el campo, sea común que las mujeres, aún hoy en día, dejen la crianza de sus hijos a otras personas, sean estos los abuelos, compadres, tíos, etc., dando origen muchas veces a los que se denomina el criadazgo (1).

La estructura familiar en el campo es un tema muy extenso e interesante, pero su estudio en este ensayo escapa a los objetivos propuestos para el mismo. Lo que nos interesa dentro de esta estructura es la relación que se establece entre parientes rituales.

En Paraguay se establecen tres tipos de parentesco ritual: en el bautismo, la confirmación y el casamiento; en las tres ocasiones, generalmente se eligen padrinos distintos, en el primero son los padres quienes eligen sus futuros compadres, en la confirmación y el matrimonio son los ahijados quienes eligen sus padrinos. Este parentesco ritual se establece con más fuerza entre compadres y entre padrinos y ahijados de bautismo que entre los de confirmación y matrimonio.

Los padrinos de bautismo son elegidos con antelación (GONZÁLEZ, 1980: 308). Según una de nuestras entrevistadas, cuando estaba embarazada de su hijo ya había elegido al padrino, que era elegido por el niño más que por los padres. De ahí la creencia popular de que no se puede rechazar cuando le proponen ser padrino a uno, aunque existen técnicas para rechazarlo; tomando en cuenta lo que dijo la misma entrevistada, si uno ya tiene varios ahijados, se puede decir a los padres del niño que ya tiene muchos ahijados y que no podrá mantener otro por lo que no podrá aceptar la propuesta.

No existe una regla determinada sobre a quién elegir como padrino, generalmente se escoge a personas de mayor preparación o instrucción dentro de la familia, a algún amigo íntimo o de mucho aprecio, al patrón o jefe o alguna autoridad política del pueblo (Cfr. GONZALEZ, 1980: 308; SERVICE, 1954: 174-175).

De acuerdo a lo que he podido observar y escuchar de diferentes personas, en Paraguay cuando uno va ser padrino de un niño se alude a la palabra “alzar el niño”, en guaraní: “ahupi hagua”, haciendo alusión al hecho de levantar al niño en el ritual de bautismo, cuando le vierten el agua bendita sobre la cabeza. Esto me llamó la atención, pues es utilizado mayormente por personas que han venido del campo, pues las que de hecho han nacido y se han criado en la ciudad no utilizan dicha expresión y solo suelen decir: “salir de padrino”, “va a ser padrino de…” o “apadrinar”.

En uno de los párrafos anteriores, nuestra entrevistada decía que no podía aceptar al niño como ahijado porque no lo podía mantener; de hecho, la mayoría de las veces la gente de escasos recursos escoge un padrino de una condición económica más elevada que la suya, si es un trabajador, elige a su patrón creando lazos ficticios que los unen por el compadrazgo (HAY, 1999: 168), estableciendo como dirían Mintz y Wolf (1995) o Gascón (2005), relaciones verticales, por la cuales los padres y el ahijado saldrían más beneficiados que el padrino, pero que a la vez, le permitirían a este último formar una “clientela romana bastante copiosa”(DOMÍNGUEZ, 1966: 153).

Esto se debe a que el padrino adquiere varias obligaciones para con su nuevo ahijado y familia ritual, como la de ser al que se recurre en caso de necesidad. Este, cuando los padres no pueden por motivos económicos o fallecen, se encarga de la educación, de conseguir trabajo o de procurar vestido a su ahijado. Además el día que se celebra el bautismo, el padrino debe correr con todos los gastos que demanden la ceremonia, la ropa y la posterior fiesta (Cfr. SERVICE, 1954: 174; GONZÁLEZ, 1980: 308; AMBROSETTI, 1976: 39; SUSNIK, 1975: 167).

Pero como decíamos arriba en el parentesco ritual se establecen tres tipos de relaciones entre ahijado y padrinos, entre los padres y el ahijado y entre los padres y padrinos. A continuación pasaremos a describir las relaciones entre compadres, y ahijados y padrinos.

Como en todas partes de Latinoamérica, los vínculos entre compadres son más fuertes que entre ahijado y padrino. Así en el siglo XIX tenemos el relato de los hermanos Robertson, quienes conocieron a un tal Señor Cerda que tenía muchísimas comadres, en ningún momento mencionaron compadres, este señor era tan influyente en la época de la independencia pues estaba emparentado con casi todas las familias paraguayas pudientes de la época, que cuando asumió el Dr. Francia fue expulsado del Paraguay (ROBERTSON, 1920: 113).

La tradición popular establece que los compadres deben ayudarse, cuidarse, defenderse y tratarse con respeto. Entre ellos se tratan de compadre y comadre o de compai, compá o comai, nunca se dirigen por sus nombres. Se vuelven la mayoría de las veces parientes muy cercanos, a quienes se visita asiduamente. Si uno de los compadres llegase a insultar al otro sería severamente castigado por la comunidad. No pueden casarse ni tener relaciones sexuales pues también aquí se considera incesto, inclusive existe una leyenda por la cual los infractores de este incesto pasarían a convertirse en “Mboitatá” – serpiente de fuego – y se pelearían eternamente (Cfr. AMBROSETTI, 1976: 39-40; SERVICE, 1954: 172,176; GONZÁLEZ, 1980: 308).

En cuanto a las relaciones verticales establecidas entre compadres, muchas veces los padres del ahijado recurren al padrino para pedirle favores, no solo que tengan que ver con el ahijado sino de otra índole, por ejemplo, lo más común es el préstamo de dinero, pero puede ser también pedir que le consiga un trabajo a su compadre o a su ahijado, o los ya mencionados: mantener al niño, pagarle la educación, comprarle ropas, etc.

En las relaciones entre ahijados y padrinos, estas generalmente son más estrechas con el padrino de bautismo, no obstante, los padrinos de bodas suelen hacer de mediadores en las peleas de pareja (SERVICE, 1954: 173). Hay que recordar que los padrinos de casamiento comúnmente son elegidos por sus ahijados, aunque a veces con alguna presión por parte de los padres; se trata de personas muy cercanas a la pareja, casi siempre un poco mayores y con experiencia matrimonial, pueden ser parientes o no (IBÍDEM: 173, 272). Antes, la novia elegía a la madrina y el novio al padrino, pero usualmente se elegían y eligen parejas, una por cada novio o una sola por los dos. Los padrinos, en este caso, son los testigos del casamiento y suelen entregar a los novios un gran presente de bodas (IBÍDEM: 173), a la vez que se inicia una relación de confianza y confidencialidad.

En cuanto al padrino de confirmación, este es elegido por el ahijado y suele ser una persona a quien se quiere honrar. Esta relación es la más temporal y menos cercana, a tal punto que muchas personas ni siquiera recuerdan como se llama su padrino o su ahijado de confirmación (IBÍDEM: 173).

Volviendo a la relación entre ahijado y padrino de bautismo hay varias normas que se siguen, sobre todo en el campo y en los sectores populares, por ejemplo: el niño debe visitar a su padrino cada vez que pueda, en el día de su Santo o “Santo ára”, en su cumpleaños, en las fiestas de Navidad, Año Nuevo y en Pascua, cuando debe llevarle un regalo que se espera sea retribuido con creces (Cfr. GONZÁLEZ, 1980: 308; SERVICE, 1954: 176), esto también coincidió con lo relatado por nuestra entrevistada.

El ahijado debe dirigirse con respeto a su padrino y debe pedirle la bendición y no debe moverse hasta recibirla (Cfr. GONZÁLEZ, 1980: 308; SERVICE, 1954: 176), la bendición o “tupanoi” constituye la muestra máxima de respeto. Esto pude comprobarlo perfectamente pues uno de mis ahijados, criado a la manera rural tradicional, al saludarme, en vez de decirme “hola”, coloca sus manos juntas a modo de oración y me pide la bendición. Si el ahijado no pidiese la bendición, esto podría ser causa de disgusto entre compadres, pues se dice que los padres no han educado bien a su hijo (Crf. AMBROSETTI, 1976: 38: CARVALHO NETO, 1961: 392).

Anteriormente, si el ahijado necesitaba algún consejo recurría a su padrino, lo escuchaba y tomaba muy en serio sus palabras; en su presencia, los ahijados debían ser respetuosos al máximo, pues no debían pronunciar malas palabras ni dejarse ver ebrios por ellos. Actualmente estas demostraciones de respeto están en desuso, sobre todo en la ciudad.

Cuando el padrino fallece, el ahijado debe participar de todos los actos fúnebres: velorio, entierro y novena, y debe llevar el luto e integrarse al duelo familiar (Cfr. PEDROZO, 2003:243; GONZÁLEZ, 1980: 308).

El término compadre, con todas su obligaciones, se hace extensivo a la esposa y a los hijos, quienes son llamados hermanos espirituales, e inclusive a los padres de los padrinos (SERVICE, 1954: 176),  así si alguno se convierte en padrino de una criatura antes de casarse, cuando lo haga su esposo/a pasará a ser el padrino o la madrina de ese niño por extensión; dicho caso lo he vivido y poseo dos ahijadas por extensión que se dirigen a mí como madrina.

No existe una regla sobre el sexo del padrino a elegir, pues si el ahijado es varón su padrino podrá ser tanto un hombre como una mujer, aunque se prefiere que sea del mismo sexo. (SERVICE, 1954:178). Tampoco se prescribe una cantidad ideal de padrinos, puede ser desde uno hasta varios, dependiendo de los padres. Anteriormente se solía escoger a uno solo o a dos, actualmente se puede escoger a más de dos, aunque prevalece este número, generalmente una pareja casada. Aquí quisiera relatar un caso: una pareja tuvo su primer hijo y quería bautizarlo y escogieron a los padrinos entre sus parientes, la madre eligió a su hermana y al marido de esta, el padre eligió  también a su hermana y al marido de esta, a más de un primo suyo a quien le había prometido el padrinazgo del chico, o sea que este niño tuvo cinco padrinos. Luego la pareja tuvo otros tres niños y para sus padrinos eligieron a la misma pareja, un primo suyo, que no era el mismo anteriormente citado, con su esposa, o sea, que los últimos tres niños tuvieron los mismos padrinos.

También otra cosa interesante de citar son las disposiciones de la iglesia católica sobre quien puede o no ser padrino. En el caso que los padres no estén casados por la iglesia, los padrinos deben ser indefectiblemente una pareja bien constituida y casada por la iglesia, no pueden ser escogidos solteros ni parejas sin matrimonio religioso porque deben velar por la fe del niño a apadrinar. Ahora si los padres están casados por la iglesia, si pueden escoger padrinos solteros, pero no parejas sin matrimonio religioso.

Para terminar, las relaciones verticales establecidas en el parentesco se dan en grupos de condiciones económicas menos favorecidas, con respecto a la clase a la que pertenece el padrino – compadre. Esto puede verse sobre todo en sectores populares y campesinos. Las relaciones horizontales se desarrollan en grupos más bien homogéneos, misma clase y situación económica, generalmente en la ciudad y en pueblos del interior con mayoría de clase media.

Sin embargo esto no es excluyente, pues estar en la ciudad o el campo o pertenecer a uno u otro grupo no determina la posibilidad de que se entable y desarrolle un solo tipo de relación, sea esta vertical u horizontal, sino que pueden darse simultáneamente en cualquiera de los casos.

Casi todas las prácticas descritas en este trabajo se refieren a grupos populares tradicionales, estas prácticas en la ciudad, en las clases media-alta y alta, están en desuso o no se tienen en cuenta, solo los sectores de clase media a baja las siguen realizando.

A modo de conclusión, se puede afirmar que el compadrazgo en el Paraguay posee las mismas características que otros países en Latinoamérica, por otro lado, en la actualidad y específicamente en la ciudad, los lazos establecidos no son tan estrechos y se puede afirmar que no tienen la misma preponderancia que en el campo y las relaciones de parentesco se han vuelto superficiales en la mayoría de las veces.

 

Nota:

1. Para saber más sobre este tema ver el trabajo de Adelina Pusineri. De la naboría a la criadita-o de hoy.

 

Entrevistas

ROMILDA VELÁZQUEZ, mujer de clase media venida del campo, del Departamento de Guairá, centro de la región oriental (66 años).

MIGUEL ÁNGEL ORTIZ, hombre de clase media nacido en la Ciudad de Concepción, actualmente viviendo en la ciudad de Asunción (68 años).

 

Bibliografía

AMBROSETTI, Juan B. 1976. Supersticiones y Leyendas. Buenos Aires. Siglo Veinte. 140 p.

CARVALHO NETO, Paulo de. 1961. Folklore del Paraguay. (Sistemática analítica) Quito. Editorial Universitaria. 474 p.

DOMÍNGUEZ, Ramiro.1966. El Valle y la Loma. Comunicación en comunidades rurales. En: Suplemento Antropológico. Asunción. Vol.1. nº 2. Febrero 1966. pp 127 – 241

GASCÓN, Jorge. 2005. Compadrazgo y cambio en el Altiplano peruano. En: Revista Española de Antropología Aplicada. Vol. 35. pp. 191 – 206.

GODOY ZIOGAS, Marilyn. 1987. Indias vasallas y campesinas. La mujer rural paraguaya en las colectividades tribales, en la colonia y en la república. Asunción. Arte nuevo. 256 p.

GONZÁLEZ TORRES, Dionisio. 1980. Folklore del Paraguay. Asunción. 602 p

MINTZ, Sidney W. y Eric R. Wolf. 1995. Análisis del Parentesco ritual (Compadrazgo) pp 371 – 411. En: Rueda, Marco y Segundo E. Moreno Yañez. Cosmos, Hombre y Sacralidad. Lecturas dirigidas de Antropología Religiosa. Quito. Departamento de Antropología. PUCE. Ediciones Abya-Yala. 521 p.

PEDROZO, Mariano. 2003. La religiosidad popular paraguaya y la identidad nacional. Asunción. 243 p.

ROBERTSON, John P. y William P. 1920. La Argentina en la Época de la Revolución. Cartas sobre el Paraguay: Comprendiendo la relación de una residencia de cuatro años en esa República, bajo el gobierno del dictador Francia. Traducción Carlos A. Aldao. Buenos Aires. Administración General. 269 p.

SERVICE, Elman R. y Helene S. Service. 1954. Tobatí: Paraguayan Town. Chicago. The University of Chicago Press. 337 p.

STEWARD, Julian. Foreword. 1954. pp v – xvi. En: Service, Elman R. y Helene S. Service. Tobatí: Paraguayan Town. Chicago. The University of Chicago Press. 337 p.

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3 Responses to “El parentesco ritual: el compadrazgo en el Paraguay”

  1. 1 Lia

    Hola gente, me gustaría que cuando pongan fotografías de obra de artistas la citen con la misma rigurisidad con quelo hacen con las fuentes bibliográficas. Creo que las y los artistas merecen eso. Generalmente, se pone de la siguiente manera:
    Nombre del artista
    Título de la obra o Sin título
    Técnica, Instalación o Materiales
    Año de realización
    Colección
    Abrazo y ya saben que me encanta el blog!
    Lia

    • 2 patdobree

      hola, lía. tenés toda la razón del mundo. sólo sucede que el espacio para colocar las referencias no es tan amplio. hasta donde pude ver, cuando colocás mucho texto al pie de la foto, después sale todo descuajeringado. No obstante, se me ocurre que podrían ir referencias más amplias por debajo del cuerpo de artículo, siempre y cuando tengamos las referencias. saludos.

  2. 3 Alvaro

    Me gustó mucho el artículo… espero que continúes con tu investigación sobre el tema!!!
    saludos desde Buenos Aires

    Alvaro Del Águila


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