Familias y poder político en el Paraguay. Una mirada antropológica

13mar09
Serie "Mis personajes 1962" (Ignacio Núñez Soler)

Serie "Mis personajes 1962" (Ignacio Núñez Soler)

Por Patricio Dobrée (patricio@cde.org.py)

Introducción

Este artículo comienza con la historia de dos familias bien conocidas en Paraguay, los Duarte y los Franco. Para las personas que viven en el país, estos apellidos son bastante conocidos y se asocian fácilmente al escenario político de la última década. A la primera familia pertenece el ex-presidente del Paraguay, Nicanor Duarte Frutos. Se podría decir que se trata de un grupo recién llegado a la arena política nacional. No es casual que Duarte Frutos se haya presentado como integrante de la nueva generación de dirigentes que vendría a renovar el Partido Colorado después del oscuro pasado stronista y de una transición hacia la democracia donde varios de sus líderes lograron reciclarse. La segunda familia, en cambio, cuenta con una tradición más prolongada en la historia política del Paraguay. Los Franco forman un clan de larga militancia en las filas del Partido Liberal Radical Auténtico, principal fuerza de oposición durante muchas décadas. Esta familia tiene su centro de maniobras en Fernando de la Mora, una populosa ciudad contigua a la capital, y varios de sus integrantes han formado parte de las estructuras del Estado en sus diversos niveles.

Tomando estos casos como puntos de referencia, nuestro propósito consiste en explorar las intersecciones y mutuas determinaciones que se darían entre las relaciones de parentesco, el funcionamiento del Estado y el poder político en el Paraguay. Uno de los autores – aunque no el único – que nos ha aportado las principales matrices teóricas para analizar este fenómeno particular ha sido Eric Wolf (1999). Su reflexión acerca de las relaciones de parentesco, amistad y patronazgo en las sociedades complejas ha resultado de suma utilidad para comprender ciertas disposiciones culturales que podrían estar operando como trasfondo en la configuración del campo político en Paraguay. No obstante, también hemos querido poner en diálogo estos conceptos con el pensamiento de intelectuales paraguayos acerca de las relaciones sociales y la cultura política local con la finalidad de observar la articulación entre estas perspectivas.

Como aproximación al tema, este artículo no tiene la finalidad de agotarlo ni de alcanzar conclusiones definitivas. Más bien se trata de presentar algunas claves interpretativas que podrían colaborar con el entendimiento de las complejas tensiones y negociaciones del poder que tienen lugar en la sociedad paraguaya.


Historia de dos familias

Los Duarte son una familia de origen humilde de la ciudad de Coronel Oviedo, una localidad agroindustrial ubicada en el departamento de Caaguazú (centro del país). Don Duarte fue policía y su esposa, Doña Frutos, maestra y costurera. Ambos tuvieron un hijo al que llamaron Nicanor. Con sólo 11 años, como tantos otros niños y niñas en Paraguay, Nicanor comenzó a trabajar en los aserraderos de la zona. También desde muy joven, a los 14 años, se afilió al partido Colorado siguiendo otra costumbre bastante extendida entre los mancebos del país. Pero a diferencia de la mayoría, a Nicanor le fue relativamente bien y llegó a ser Presidente de la República. Desde que llegó a Asunción para ejercer el periodismo, combinando esta actividad con estudios de abogacía y filosofía, su carrera política experimentó un ascenso sin interrupciones. Fue viceministro y ministro de educación, presidente de su partido y, ahora, después de haber ejercido el máximo cargo ejecutivo, senador vitalicio de la nación.

Esta trayectoria le asignó un enorme poder, que pudo compartir con otros integrantes de su familia. Una de las favorecidas fue la hermana de Nicanor, Blanca Duarte Frutos, quien se desempeñó como concejala de Coronel Oviedo y actualmente ostenta el cargo de diputada nacional por el departamento de Caaguazú. Al parecer, sus vínculos con el poder le permitieron obtener, además de votos, ciertas prerrogativas. Según denuncias publicadas en los periódicos del país, Blanca se benefició con contrataciones hechas por la Fundación Tesãi, perteneciente a la hidroeléctrica Binacional Itaipú, para que una empresa de seguridad de la cual ella es propietaria se ocupe de la custodia de dos hospitales financiados por esta entidad (1). La hermana de Nicanor, por otro lado, también fue acusada de percibir un sueldo como directora de la Escuela Nacional de Bellas Artes sin estar preparada para ejercer esta función (2) y de recibir atención hospitalaria gratuita utilizando sus influencias en un establecimiento sanitario destinado específicamente a funcionarios y funcionarias de la Binacional Itaipú y a personas pobres (3). Otro miembro de esta red de parentesco que obtuvo los beneficios del poder fue José David Orrego Aquino, concuñado de Nicanor. Este operador de computadoras, casado con la hermana de Gloria María Penayo Solaeche, esposa del ex–presidente, pronto se convirtió en administrador de Mburuvicha Róga (4) y actuó como testaferro de su concuñado en la compra de una costosa estancia donde rápidamente se introdujeron ostensibles mejoras (5). Entre los miembros de la familia Duarte Frutos que ingresaron a las estructuras del Estado, también figura Federico Frutos, primo hermano de Nicanor. Además de ser nombrado Ministro de Deportes, Federico es accionista de empresas que, según se sospecha, entre 2004 y 2006 facturaron millonarias sumas por servicios prestados a dependencias del Estado (6).

Las influencias de Nicanor Duarte Frutos también se extendieron a algunas amistades que dejó en su Coronel Oviedo natal. Uno de los favorecidos fue el carpintero Gerardo Martínez, socio de un primo de la esposa del ex-mandatario,  que facturó una millonaria suma al Ministerio de Educación y Cultura y pudo comprar una casa muy costosa en el centro de la ciudad (7). 

Los Franco, como ya se mencionó, son una familia con una larga tradición de caudillismo político. Don Cástulo Franco, fallecido poco tiempo después de la derrota del partido colorado en abril de 2008, fue un activo dirigente del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) y ocupó una banca en la Cámara de Diputados desde 1973 hasta 1978, durante plena dictadura stronista. Después de casarse con María Luisa Gómez, don Cástulo tuvo seis hijos varones: Julio César (Yoyito), Federico, Cástulo (Johnny), Humberto, Carlos Alberto y Aníbal. Excepto “Johnny” y Humberto, los hermanos Franco también se dedicaron a la política y lograron ocupar cargos de diversa relevancia en las instituciones del Estado y en la estructura de su partido. El mayor, Julio César, reconocido por su lucha contra la dictadura, se desempeñó como intendente de la ciudad de Fernando de la Mora (1991 – 1996), fue senador nacional (1998 – 2000) y alcanzó la vicepresidencia de la República en el año 2000 mediante elecciones después de la crisis desatada con el asesinato de su antecesor, Luis María Argaña. Actualmente, Julio César continúa en la función pública como senador nacional. Siguiendo sus pasos, su hermano Federico es el actual vicepresidente de la República. Pero antes de alcanzar este cargo, tuvo una ascendiente carrera política (8). Primero fue concejal de la Municipalidad de Fernando de la Mora (1991 – 1996), después intendente de la misma ciudad  (1996 – 2001) y finalmente gobernador del departamento Central (2003 – 2008). El más joven de los Franco, Aníbal, también se sumó a la arena política y actualmente es intendente de Fernando de la Mora, con lo cual se cumplen tres períodos de administración municipal bajo la hegemonía de la misma familia. Por último queda Carlos Alberto Franco, quien quizás ha tenido una experiencia más modesta del poder, fungiendo como juez electoral y presidente de la Circunscripción Judicial de Misiones, hasta que en el marco del cambio de gobierno fue nombrado miembro de la Entidad Binacional Yacyreta, cargo al que tuvo que renunciar debido al escándalo mediático que generó (9).

Pero los vínculos entre los Franco y el poder no acaban aquí. Muchas de sus esposas e hijos también han ocupado y aún ocupan lugares importantes en las estructuras del Estado. Este es el caso de Mirta Vergara (10), esposa de Julio César, que fue concejala municipal de Fernando de la Mora (1996-2001), senadora nacional (2003-2008) y en las últimas elecciones generales se postuló como candidata a diputada del Parlasur, aunque no resultó electa. Esta relación se extiende al hijo de ambos, Julio Ramón Franco Vergara, quien fue nombrado jefe del área de políticas sociales de la Dirección de Monitoreo de la Secretaría de Acción Social (SAS) poco tiempo antes Nicanor Duarte Frutos abandone el poder ejecutivo. Esta designación, en el contexto de la llegada de su tío a la vicepresidencia, le valió acusaciones de tráfico de influencias (11). Otro integrante de la familia Franco que también recibió este tipo de acusaciones en el marco del traspaso de gobierno fue Luis Federico Franco Alfaro, hijo de Federico y de Emilia Alfaro, quien actualmente ocupa una banca en la Cámara de Diputados. Luis Federico, un joven contador público de 25 años, después de haber ejercido durante un mes el cargo de auxiliar en la Corte Suprema de Justicia, fue nombrado por esta instancia pública administrador de la Circunscripción Judicial Central, con sede en San Lorenzo (12). 

La historia de estas dos familias no son casos aislados en el Paraguay. Se podría continuar enumerando ejemplos de redes de parentesco vinculadas con los principales partidos políticos del país que han accedido a espacios de poder tanto a nivel nacional como local. No obstante, la trama de relaciones que las caracterizan es lo suficientemente representativa como para dar cuenta de unos de los aspectos más notables de la cultura política del país.

Una puesta en cuestión de los límites de las esferas del mundo social

El pensamiento político moderno nos ha acostumbrado a representar el ordenamiento de las relaciones sociales según un esquema de esferas diferenciadas. El ámbito de lo público se reconoce como un espacio con sus propias normas, dinámicas e instituciones, que se diferencia del ámbito privado donde las regulaciones y pautas de convivencia siguen otras lógicas. Esta separación se fundamenta en el espíritu del capitalismo desplegado por el sujeto burgués, que requiere espacios de libertad y autonomía donde expresar su individualidad y realizar acciones para aumentar sus riquezas en tanto que también necesita una esfera pública capaz de ordenar el conjunto social para evitar aquella guerra de todos contra todos imaginada por Hobbes (2002). El nacimiento de los Estados nacionales y de sus burocracias administrativas de este modo guarda una estrecha relación con ese impulso ordenador y al mismo tiempo garantizador de las libertades burguesas. Pero se podría decir que la historicidad de dicha institución social pronto fue olvidada, y el concepto del Estado moderno así fue dejando de lado su particularidad y contingencia para adquirir pretensiones de cada vez mayor universalidad. Dicho de otro modo, el sujeto moderno pasó a imaginarse a sí mismo y a las instituciones por él creadas como manifestaciones de un destino irrevocable para la humanidad. Quienes se alejaban de este modelo o bien con el tiempo se transformarían y alcanzarían este paradigma o bien acabarían desapareciendo por no ser capaces de adaptarse a las condiciones de una línea evolutiva. Con la expansión del capitalismo fuera de los límites de Europa, estas ideas también se trasladaron a otros territorios y sociedades. La mayoría de ellas, por no decir casi todas, finalmente terminaron adoptando estos mecanismos de ordenamiento y control y, de este modo, al menos en el pensamiento de las élites dominantes, fue instalándose el concepto de la necesidad de la separación de las esferas pública y privada.

Pero este proceso no fue tan lineal ni tan categórico. Al mismo tiempo que el capitalismo occidental se expandía, algunos de sus impulsores comenzaron a percibir que las sociedades donde se instalaban se resistían a adoptar plenamente las estructuras políticas importadas y conservaban algunas de sus costumbres en la administración del poder. Esta constatación, entre otros hechos, motivó investigaciones dentro del campo de la antropología política con la finalidad de comprender mejor el funcionamiento de estas sociedades y, a partir de ello, poder ejercer un mayor control sobre ellas. Los trabajos etnográficos de Alfred Radcliffe Brown, Meyer Fortes y Edward E. Evans-Pritchard (citados por Balazote y otros,  2006)  constituyen ejemplos clásicos de estos intereses y, aún con las objeciones morales que puedan realizarse desde otros lugares de enunciación, contribuyeron de modo notable al desarrollo de la disciplina.     

En el marco de estos estudios, se comenzó a observar cómo algunos grupos humanos se organizaban de tal modo que las fronteras entre las esferas pública y privada postuladas por la modernidad se volvían difusas y hasta inexistentes. Uno de estos casos se daba cuando las relaciones de parentesco se entremezclaban de modo ambiguo con las relaciones políticas. En tal sentido, el ámbito familiar, institución típicamente relacionada con el mundo privado por el imaginario moderno, también se inmiscuía en el ámbito de la administración del poder y viceversa. Entre los antropólogos contemporáneos que trabajaron con lucidez el tema, se encuentra Georges Balandier (1976), quien describió los complejos sistemas de parentesco y poder de sociedades segmentarias o de linaje del África subsahariana. En términos muy generales, Balandier critica aquellas posturas teóricas que excluyen el orden del parentesco del orden político. Si bien rehúye las clasificaciones rígidas y afirma la existencia de una multiplicidad de formas organizativas, para este antropólogo las relaciones políticas muchas veces se asientan en la utilización de criterios de descendencia, a la vez que el parentesco proporciona a la política un modelo y un determinado lenguaje. La política así constituye un campo donde las situaciones relacionadas con los vínculos internos y externos de los clanes, las edades de sus miembros, su prestigio y generosidad o la manipulación de genealogías constituyen elementos dinamizadores y ordenadores del mundo social más poderosos que las estructuras institucionales.

Este tipo de preocupaciones también interesaron a Eric Wolf, quien buscó comprender qué lugar ocupaban las relaciones de parentesco, amistad y patronazgo en las sociedades complejas. La idea que toma como punto de partida es que la repartición y el ejercicio del poder en estas sociedades no se encuentran monopolizados por una sola institución, identificada con el Estado. Wolf sostiene que, así como existen instituciones oficiales que controlan y administran algunos recursos políticos y económicos, también es posible hallar organizaciones suplementarias o marginales que controlan y administran otros recursos. Este último tipo de organizaciones, entre las que se encuentran las familias, los grupos corporativos o las redes de amistad, son estructuras no institucionales, intersticiales, suplementarias o paralelas al poder central. Muchas veces ellas son funcionales al sistema institucional y suelen cumplir distintos roles. A veces simplemente se adhieren a las instituciones oficiales como rémoras o parásitos que sobreviven gracias a éstas; otras veces colaboran con su metabolismo o asumen funciones que no puede o no desea cumplir el poder central; mientras que en algunas ocasiones proporcionan mecanismos informales para infringir las normas institucionales y reducir de este modo las tensiones sociales. 

A partir de trabajos de campo realizados en América latina y el mediterráneo europeo, Wolf describió las características de algunas de estas instituciones paralelas. Entre ellas, como se dijo, se encuentran los grupos corporativos de parentesco, los cuales utilizan sus lazos de filiación para establecer sistemas donde sus integrantes obtienen ventajas en asuntos como la renta de la tierra o en la distribución de las cargas impositivas y a la vez obtienen un capital social formado por vínculos y relaciones. En estos casos, la familia funciona como una red que administra recursos económicos y sociales, asegurando beneficios u otorgando prestigio, pero también imponiendo obligaciones y responsabilidades. Las relaciones de parentesco, a su vez, en algunos casos también pueden actuar fuera del medio familiar. Wolf aquí se refiere concretamente a las situaciones de cooperación entre parientes para intervenir en el espacio público. Los vínculos familiares, en tal sentido, pueden ser utilizados tanto cuando las instituciones estatales no brindan las respuestas esperadas – la prestación de algunos servicios sociales, por ejemplo –  así como para abrirse camino en el campo político y obtener provecho a partir del usufructo privado de los bienes del Estado.

Por otro lado, Wolf también se refiere a las relaciones de amistad como otro caso de instituciones paralelas. Las amistades pueden ser de tipo emocional o instrumentales. Respecto a este último tipo, los amigos actúan como conexiones con otras personas que permiten sobrepasar los límites del grupo y así acceder a nuevos recursos naturales o sociales. Dentro de las organizaciones burocráticas, estos vínculos de confraternidad suelen tomar la forma de camarillas, las cuales se crean a partir de alianzas informales que otorgan cierta protección a los individuos frente a otros poderes.

Finalmente, las relaciones de patronazgo constituyen otra clase de estructuras que se superponen a las instituciones oficiales. Esta clase de vínculos se fundamenta en una suerte de amistad asimétrica e instrumental, con una mínima carga afectiva, donde una de las partes dispone de posibilidades claramente superiores de conceder bienes y servicios. Las relaciones de patronazgo promueven intercambios entre un patrón, que presta ayuda económica o protección, y un cliente, que ofrece a cambio lealtad y reconocimiento, información y apoyo político.

“[...] los vínculos así establecidos – sostiene Wolf –  serán particularmente eficaces en aquellas situaciones en las que la estructura institucional formal de la sociedad sea débil y no pueda proporcionar con la suficiente regularidad la cantidad necesaria de bienes y servicios, sobre todo en los niveles extremos de la escala social. En tales circunstancias, existirá una demanda de apoyo social que ofrecen los posibles clientes, y la formación de un cuerpo de este tipo de clientes incrementará la capacidad de los patronos para influir en la acción institucional” (1999: 35).

En conclusión, lo que se puede ver es que existen indicios suficientes para sospechar que la separación de esferas postulada por el pensamiento moderno no se constata siempre en la realidad social. En muchas sociedades más bien parece que sucede lo contrario. Las relaciones políticas, de amistad y familiares tienden a contaminarse mutuamente, diluyendo las fronteras y confundiendo los campos.

Relaciones de parentesco y poder en Paraguay

La historia de las familias Duarte Frutos y Franco ofrecen elementos de criterio suficientemente evidentes para afirmar que en Paraguay las relaciones de parentesco se inmiscuyen y confunden de manera frecuente con el funcionamiento del Estado. Los dos casos presentados involucran a personas que han alcanzado las más altas esferas del poder. Pero al mismo tiempo se podrían identificar numerosos ejemplos en todos los niveles del Estado donde el poder se dirime en función las pautas del parentesco o la amistad. Incluso hasta se podría decir la adscripción a los partidos políticos pocas veces es resultado de  una decisión racional del individuo en base a ideales éticos o la aceptación de un programa político o un marco doctrinal, sino forma parte de una “herencia” transmitida por vía familiar. No está demás volver a recordar aquí que tanto Nicanor Duarte Frutos como Federico Franco se afiliaron a sus respectivos partidos políticos cuando tenían 14 años.

En el Paraguay, no existe una bibliografía amplia sobre las relaciones de parentesco entre las culturas no indígenas. Sin embargo, algunos trabajos sobre sociedades campesinas o sobre la sociedad paraguaya en general podrían brindar ciertas pistas para analizar los modos en que se articulan las relaciones familiares con algunas instituciones oficiales. La literatura revisada por lo general destaca la relevancia que aún tienen las relaciones de patronazgo y padrinazgo en el país. La permanencia de estas instituciones informales, y sobre todo las matrices simbólicas que justifican a las mismas, podrían ser de utilidad para comprender los manejos de los Duarte Frutos y los Franco en el poder.

Un artículo revelador, aunque poco conocido, escrito por Frederick Hicks (1971) indica que una de las claves para entender la permanencia del caudillismo en el Paraguay se relaciona con las debilidades o directamente con la ausencia del Estado en muchos ámbitos de la vida nacional. Después de la Guerra de la Triple Alianza, la burocracia administrativa del país no fue capaz de asegurar programas de bienestar para las clases más pobres ni tampoco ofreció garantías para los intereses empresariales.

Estas condiciones – sostiene Hicks – llevaron al desarrollo de otros recursos tendientes a brindar al individuo la seguridad que necesita. Los mismos descansan sobre el establecimiento de vínculos de lealtad y obligaciones recíprocas, sobre una base de persona a persona” (1971: 6).

El régimen dictatorial de Stroessner no hizo más que consolidar este tipo de relaciones interpersonales. La institución del compadrazgo y el padrinazgo favoreció la expansión de redes de parentesco ritual con la finalidad de asegurar la asistencia recíproca a través de obligaciones y responsabilidades. La presencia de “compadres” y “padrinos” fue una forma de recibir ayuda económica, influencias y otro tipo de favores para las personas en una situación de desventaja; mientras que para los poderosos significó un mecanismo para garantizar lealtades políticas y asistencia incondicional en el trabajo. Ello creó relaciones entre patrones y clientes fundamentadas en las asimetrías sociales y caracterizadas por el paternalismo que fueron funcionales al sistema partidario tradicional.

Estas lealtades y obligaciones recíprocas servirían para proveer a determinados individuos de una gran cantidad de seguidores personales que aquellos individuos podrían utilizar para obtener ventajas políticas. Constituyen la base de del “caudillismo”, un sistema político que, podría afirmarse, se encuentra todavía muy presente en Paraguay, no sólo a nivel local en las áreas rurales sino también a nivel nacional, implicando la participación de altos miembros del gobierno (Hicks, 1971: 9)

La importancia de estas formas de parentesco ritual también fue destacada en el estudio que realizaron los esposos Service (1954) en la comunidad de Tobatí. Para muchas familias rurales pobres la elección de compadres y padrinos cumple la función de un sistema de seguridad social. Los padrinos pueden asumir la responsabilidad de mantener a los hijos e hijas cuando mueren los padres, ofrecer regalos a los niños, ayudar con los gastos del colegio o prestar ayuda a los padres de sus ahijados. Es por eso que algunas veces se elijen al patrón u otra persona poderosa, con lo cual también se considera que deben guardar lealtad a estas personas.

Si las costumbres brevemente descritas aún se encuentran muy arraigadas en la cultura paraguaya, entonces se podría afirmar que cuando una persona ingresa a las estructuras del Estado, no le resulta fácil desprenderse de estos vínculos previamente establecidos. El acceso a un ámbito de mucho poder le serviría así para devolver favores o bien para consolidar su autoridad y prestigio frente a los integrantes más desafortunados de su familia o sus redes de amistad. Por otro lado, las capacidades adquiridas para entregar dones también le permitirían consolidar esta posición a través de la formación de una clientela política más amplia. De aquí se puede deducir asociaciones con aquella práctica comunitaria que Nicolás Morínigo (2005) ha llamado el orekuete, la cual, traspasada al campo de la acción política, deviene en conductas discriminatorias y excluyentes. Simplificando bastante, Morínigo relaciona esta expresión particular de una ética comunitaria con sus orígenes en el mundo guaraní. En idioma guaraní el pronombre ore designa un “nosotros excluyente” en tanto que el pronombre ñande se refiere a un “nosotros incluyente”, que abarca también a otras personas que se encuentran fuera del vínculo estrecho de las relaciones más inmediatas. El ore entonces define el mundo de las relaciones interpersonales, donde la familia tiene un gran peso, y es el espacio simbólico donde se despliegan diversas formas de solidaridad, intercambios económicos y vínculos sociales y afectivos que generan derechos y obligaciones. Este tipo de moral, propia de sociedades pequeñas, produce relaciones de reciprocidad convenientes para los individuos en el contexto comunitario, pero provoca exclusiones cuando se traspasa a la esfera pública del Estado. En pocas palabras, los bienes y favores se reparten entre quienes forman parte del ore – familiares, amigos y clientes políticos – y se margina a quienes no integran estas redes.    

Las prácticas que se acaban de describir han sido registradas por otros trabajos en comunidades rurales de Paraguay, lo cual permite afirmar que se encuentran bastante extendidas hasta nuestros días. Un estudio realizado por Luis Ortíz Sandoval (2007) en las comunidades de San Blas (Concepción) y Pirapey (Itapúa) mostró como el parentesco – por lazos de sangres o ritual (13) – constituye un sistema moral que fundamenta la sociabilidad de las personas, les confiere honorabilidad y legitimidad, produce prestaciones recíprocas, apoyos y ayudas en momentos de necesidad, así como también ocasiona tensiones y diferenciaciones sociales y simbólicas. Otro estudio que describe estas relaciones de reciprocidad fue elaborado por Lehner, Pilz y Riquelme (2006). En este caso, el trabajo de campo se realizó en dos colonias de los departamentos de Paraguarí y Caaguazú. Según se ha observado, las relaciones de parentesco y de amistad aquí continúan dando lugar a modalidades de cooperación como el jopói (14), la minga (15) y el trueque. Estos tipos de asistencia mutua, frente al avance de las relaciones individualizadas que impone el capitalismo, son valorados como ejemplos de otras formas de ejercer el poder.

“[…] el poder dentro de las comunidades campesinas está también relacionado con el prestigio y la capacidad de dar. Esta capacidad de dar no necesariamente tiene relación con algo material, sino la predisposición para prestar su tiempo, su colaboración para las actividades particulares y públicas. El o la líder natural es el/la que tiene esta predisposición y no necesariamente el que tiene más o el que fue nominado desde un poder externo, como son generalmente las autoridades políticas. Una de las medidas de este prestigio podría ser la cantidad de ahijados/as que tiene una persona” (Lehner, Pilz y Riquelme, 2006: 42).

Con esta observación, los autores introducen otra perspectiva sobre las relaciones de parentesco en el Paraguay, destacando su capacidad para promover vínculos sociales de tipo más horizontal, sin que ello implique obligatoriamente derivaciones hacia el clientelismo político.

En resumen, estos apuntes sobre algunos rasgos de las familias paraguayas ofrecen elementos de criterio para comprender ciertas pautas culturales que determinan el comportamiento de los Duarte Frutos y los Franco en el poder. No es difícil, en tal sentido, identificar algunas analogías entre los roles de las redes de parentesco en el ámbito comunitario y su funcionamiento dentro de las estructuras del Estado.

Discusiones finales

La lectura que hemos realizado sobre las relaciones de parentesco y amistad y sus efectos en las instituciones estatales puede conducir también a otra clase de reflexiones. Al inicio de este artículo se analizó cómo el pensamiento moderno privilegió una mirada sobre las relaciones sociales fundamentada en un supuesto que asociaba la separación de esferas del mundo social con un mayor nivel de desarrollo. Esta idea, a su vez, sirvió para diferenciar entre sociedades tradicionales, aferradas aún a la preeminencia de las relaciones interpersonales y proclives a cierta homogeneidad de su mundo de vida, y sociedades que habían podido alcanzar un mayor “progreso” político, administrativo, científico y hasta moral. Como es de esperar, las sociedades capitalistas con democracias liberales fueron identificadas con las segundas; mientras que las sociedades de los países del llamado tercer mundo, con las primeras.

El análisis de las sociedades complejas – incluyendo a Paraguay entre ellas – ha demostrado que estas divisiones binarias son difíciles de sostener en términos absolutos. Lo que se observa es que coexisten distintas formas de organización en el espacio y el tiempo, donde las fronteras entre las esferas se vuelven porosas, imprecisas y en constante movimiento. Los ámbitos de lo público y lo privado se confunden de modo permanente y ello hace que los elementos de un mundo se trasladen al otro y viceversa. Específicamente en el Paraguay, país que ha su manera ha ido introduciendo progresivamente en las últimas décadas las pautas culturales del capitalismo, se ha podido observar cómo los vínculos familiares, las relaciones de parentesco ritual o algunas instituciones informales derivadas de éstos (como el patronazgo y compadrazgo) se adaptan sin mayores problemas a las estructuras de una democracia representativa. Incluso se podría decir que estas lógicas, usualmente catalogadas como tradicionales, han sido bastante funcionales a los principales modos de producción de la tardomodernidad. Familias como los Duarte Frutos y los Franco, además de favorecer a sus parientes y amigos, también han permitido la introducción de capitales internacionales, que han instalado negocios principalmente dentro sector agroexportador orientado hacia los mercados mundiales. 

Con un tinte de pintoresquismo, una interpretación demasiado apresurada podría relacionar esta situación con las peculiaridades de la política criolla. Pero antes de sacar esta clase de conclusiones, habría que advertir que el revoltijo entre los asuntos de Estado y las cuestiones familiares es algo que puede encontrarse también en los países del primer mundo. Tomemos el ejemplo de España, que en las últimas décadas ha experimentado un acelerado proceso de modernización. Allí la familia Borbón, lejos de haberse ensimismado en los asuntos de la Casa Real y las tradiciones monárquicas, ha forjado una sólida prosperidad empresarial, fundamentada en su intermediación a favor de los intereses de las multinacionales españolas (16). Es más, muchos de los integrantes de esta familia, también forman parte de los directorios de estas poderosas empresas. Familia, intereses de Estado y negocios entonces se vuelven a entremezclar borrando los supuestos límites que separarían los ámbitos de una sociedad moderna. Este fenómeno, incrustado en el corazón mismo de la modernidad, o de aquella versión quizás más radicalizada conocida como (pos)modernidad, es el resultado de modos de relacionamiento social más primarios que persisten en los intersticios o que son cínicamente ignorados, pero que actúan con fuerza en la realidad. Autores como Michel Maffesoli (2004) han señalado justamente que el regreso de elementos culturales supuestamente “arcaicos”, como el tribalismo, forma parte de la más plena actualidad de las sociedades contemporáneas.

Pero como las cosas no son tan simples ni tan sencillas, cabe una última discusión. ¿Acaso la constatación de estas ambigüedades en la separación de las esferas del mundo social significa su aceptación pasiva? ¿Cuál es la contratara de este fenómeno en nuestro país? Queda claro que la modernidad constituye un proceso particular de Occidente y que sus principios no son universalizables. Pero al mismo tiempo no se puede negar que el Paraguay se encuentra ya inserto, arrojado como diría Heidegger, dentro del curso histórico de esta modernidad. Reconociendo todas las injusticias cometidas y las violencias impuestas en el pasado, el Estado es el espacio donde se dirimen algunas de las principales políticas que afectan a la ciudadanía hoy en día. Incluso cuando esta institución se encuentre debilitada frente a la presencia de otros poderes, su función como esfera pública es de gran relevancia para el arbitraje y la intermediación entre los intereses de los grupos más desfavorecidos y las fuerzas del mercado que muchas veces los someten a relaciones de explotación, situaciones de discriminación o, directamente, como sucede con las comunidades indígenas, crean condiciones para su desaparición. En tal sentido, la recuperación o la reinvención de un concepto de Estado como una esfera libre de influencias externas y como fuerza capaz de actuar positivamente para reducir las desigualdades sociales puede constituir una estrategia adecuada para asegurar el ejercicio de los derechos humanos (entendiendo estos derechos como un acontecimiento histórico en permanente construcción). El traspaso de las prácticas clientelares, el caudillismo, los padrinazgos y compadrazgos y la ética del orekuete a las estructuras del Estado, en consecuencia, son hechos que posiblemente se deberían evitar. Ahora bien, ¿ello a su vez implica una transformación de la cultura? ¿Qué dice al respecto la antropología en tanto disciplina comprometida con el valor de la diferencia?  No es la intención de este artículo abordar esta problemática por demás compleja. Nos limitaremos, para finalizar no sin cierta ironía, a citar una frase de Clifford Geertz que podría sugerir todo un nuevo campo de indagaciones necesario para el Paraguay.

Una de las más inquietantes conclusiones a las que me ha llevado la reflexión acerca de los nuevos Estados y sus problemas es que tal reflexión es bastante más efectiva a la hora de exponer los problemas que a la hora de descubrir soluciones” (Geertz, 1996: 42).

Notas

1. Abc Color, lunes 9 de junio de 2008.
2. Diario Popular, jueves 11 de septiembre de 2008.
3. Abc Color, domingo 8 de junio de 2008.
4. Residencia del Presidente de la República del Paraguay.
5. Abc Color, domingo 10 de agosto de 2008.
6. La nación, martes 19 de diciembre de 2006.
7. Última hora, sábado 13 de Enero de 2007.
8. Federico Franco, al igual que Nicanor Duarte Frutos, se afilió al PLRA con sólo 14 años de edad.
9. Abc, viernes 6 de junio de 2008.
10. Cabe mencionar que, a su vez, Mirta Vergara proviene de una tradicional familia colorada, con poder en la ciudad de San Lorenzo, contigua a Fernando de la Mora.
11. Abc, Martes 10 de junio de 2008.
12. La nación, jueves 12 de junio de 2008.
13. Ortíz Sandoval llama “relaciones electivas” al parentesco ritual.
14. Según la definición de los autores, el jopói es “una modalidad de cooperación interpersonal o interfamiliar desinteresada, cuya medida es la necesidad del otro sin exigencia de retribución inmediata” (Lehner, Pilz y Riquelme, 2006: 12), que se practica entre parientes y vecinos.
15. La miga, según los autores, se refiere al intercambio de trabajo. “Es otra modalidad de cooperación enre vecinos y parientes no mediada por moneda, que puede ser de carácter interfamiliar o grupal” (Lehner, Pilz y Riquelme, 2006: 12).
16. Ver “Los negocios de Juan Carlos I: treinta años a cuerpo de rey” en Altermedia del 24 de julio de 2007 [Disponible en: http://es.altermedia.info/general/los-negocios-de-juan-carlos-i-treinta-anos-a-cuerpo-de-rey_1723.html]

Bibliografía

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Geertz, Clifford 1996 (1968) Los usos de la diversidad (Barcelona: Ediciones Paidós)
Hicks, Frederic 1971 “Interpersonal Relationships and Caudillismo in Paraguay” en Journal of Interamerican Studies and World Affairs (Florida: University of Miami) Vol. 13, Num. 1, enero, pp. 89 – 111 [Traducción de Luis León Bareiro]
Hobbes, Thomas 2002 (1651) Leviatán, o la materia, forma y poder de una República eclesiástica y civil (Madrid: Alianza)
Lehner, Beate, Pilz, Diana y Riquelme, Quintín 2006 Redes de reciprocidad en economías campesinas tradicionales (Asunción: CDE – Helvetas Paraguay)
Maffesoli, Michel 2004 (2000) El tiempo de las tribus. El ocaso del individualismo en las sociedades contemporáneas (México: Siglo XXI editores)
Morínigo, Nicolás 2005 “La práctica del orekuete como matriz de la discriminación política” en Bareiro, Line (comp.) Discriminaciones. Debate teórico paraguayo. Legislación antidiscriminatoria (Asunción: Comisión de Equidad, Género y Desarrollo Social de la Cámara de Senadores, Comisión de Equidad Social y Género de la Cámara de Diputados, Comisión de Derechos Humanos y Asuntos Indígenas de la Cámara de Diputados, UNFPA y CDE)
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Wolf, Eric 1999 “Relaciones de parentesco, de amistad y de patronazgo en las sociedades complejas” en Wolf, Eric y otros Antropología social de las sociedades complejas (Madrid: Alianza)

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6 Responses to “Familias y poder político en el Paraguay. Una mirada antropológica”

  1. interesante vida paralela de dos familias ke han/estan conocido/conociendo las mieles del poder!
    saludos, ah
    ya los he linkeado
    suerte

    • 2 patdobree

      Muchas gracias, Cristino. También hay un link que conduce al universo poético del kurupí. Saludos.

  2. 3 fernando moure

    La creación de estos espacios de reflexión es importante y necesaria. Sobre todo al contener material de investigación sobre nuestra realidad contemporánea, cruzadas con teorías de la antropología y la sociología cultural.
    Buen comienzo!. Y muchas gracias por el link con el blog sobre video y cine en Paraguay. Haré lo mismo.
    Fernando Moure

  3. 4 Rodrigo Villagra

    Patricio, honestas felicitaciones por el tema de analisis y el articulo. Hace tiempo que era necesario plantear un analisis de interseccion entre politica y parentezco en Paraguay, mas alla de la concepcion moderna de la primera y la folklorica del segundo. Queria decir dos cosas muy concretas, una que a partir de la constatacion de esa interseccion y otras practicas sociales (amistad, compadrazgo, etc.) es necesario tambien plantear desde la etnografia concreta paraguaya y utilizando por ejemplos lo casos que presentas, como opera este parentezco no en terminos de su estructura genealogica (que es una construccion social no una entidad “dada”) sino en terminos simbolicos y practicos propios (quienes son parientes y como se define y redefine el parentezco)… Hoy en dia se entiende tambien parentezco no como estructura sino como proceso… Lo segundo es que un antropologo brasilero, Marcio Goldman, hizo un estudio sobre el cambomble, la concepcion local de la politica vs. la concepcion politica moderna (simplemente lo cito por que lo conoci y tengo su libro aunque aun no lo lei pero si un articulo resumido sobre el mismo) y creo que podria ser una bibliografia buena para la continuidad de tu investigacion sobre las conexiones practicas y simbolicas de politica y parentezco… Voy a pensar en otros materiales que te puedo enviar. Un abrazo, de nuevo felicidades por la buena iniciativa analitica y fuerza para futuros avances,

    Rodrigo Villagra

  4. 5 Alcides Portillo

    Profesor, un artículo muy lúcido y a la vez sencillo en la explicación. Me tomo la libertad de compartirlo en mi clase de Antropología con mis alumnas del 3ro. Estoy seguro que generará un buen debate sobre el tema.

  5. me gustaria recibir articulos como este con mayor frecuencia. Gracias.


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